El que la hace la paga

La ley de la botella: el que la tira va por ella

El Instituto Cervantes hace referencia a este refrán español en clara referencia al que intenta escurrir el bulto. Julio César Mosches en su libro “El otoño de los asesinos” nos cuenta: “El que la hace la paga; no siempre el que la hace, el que cree que la hizo o aquel que creyó que lo había hecho o aquel que logró convencer a quienes lo rodeaban al envolverse en el negro manto del traidor. Todo el odio, el terror, el miedo y la compasión por si misma se le acumula en el pecho”.

España, país quijotesco por naturaleza, nación de escurridores de bulto y de personajes que empiezan a conjugar el verbo dimitir por la segunda persona del singular –obviando siempre la primera del plural– país que se acuesta con la derecha, se le levanta con la izquierda pero nunca da en el centro…España es diferente.

Aquí nadie, absolutamente nadie, reconoce sus errores. En nuestro país no es importante ganar, lo interesante es hacer perder al otro. El español antes de hacer algo piensa a quién podrá echarle la culpa si falla algo. Cuando pienso en el español no lo hago en un gallego, vasco, navarro, catalán, andaluz, extremeño, canario, etc… Todos son iguales. Es consustancial con estar en Iberia y sus satélites.

Resulta agotador para un tipo o tipa normal y corriente escuchar toda la excrecencia que sale desde los distintos sectores. Aburre más que un plato de sopa de agua mirar la televisión y ver a comunicadores y presuntos periodistas independientes defender lo indefendible de cada uno de sus amados líderes.

No aguanto a los de Vox, con su barba recortada a escuadra y cartabón con su mensaje duro y con el que difícilmente ganarán un voto de simpatía de una persona normal. No soporto a los populares, más perdidos que el barco del arroz y con un líder que no se convence ni a él mismo. Los naranjados son lo mismo que su color…rojo o azul desteñido y diluidos en el Congreso en el partido que más les convenga. Los socialistas han metido la pata hasta el sobaco, se dejaron comer el terreno y están siendo absorbidos por el círculo de los presuntos tecnócratas podemitas que bien podría ser un agujero negro y no morado. Su presidente…puf, nada bueno se puede esperar de alguien que copia su tesis doctoral. Los morados… ¡Qué peligro! Los que les conocen de allende los mares –por su ideología– nos advirtieron, pero los españoles como buenos tarugos quijotes y cabezones que somos no nos damos cuenta hasta que no nos la meten doblada.

Sobre los nacionalistas nada nuevo. Siempre la misma cantinela sectaria. Produce repulsión ver como partidos que no condenan la violencia terrorista o que aplauden la secesión del Estado son llevados en volandas por el gobierno para evitar su voto negativo. Sobre los nacionalismos, ahora que está de moda el racismo, recomiendo que busquen literatura de las animaladas que catalanes y vascos han dicho, no entiendo su verborrea…no entiendo que no se metan en su casa y se avergüencen de lo que defienden y han dicho antaño.

En las últimas semanas intento mirar desde cierta altura de miras las decisiones y los discursos políticos que estamos sufriendo y “si me dan a elegir me quedo sin ninguno”. La prepotencia de los discursos y el ninguneo a las opiniones diversas resulta insoportable y vomitivo.

Mientras todo esto ocurre, decenas de miles de muertos sobre nuestras conciencias, miles de enfermos con secuelas por haber sufrido o lidiado con el virus, cientos de miles de familiares que esperan una explicación y un país que se ha ido al carajo miran atónitos las intervenciones políticas. Soy partidario de la ley de la botella: el que la tira va por ella.

Si estas presuntas “señorías” que se sientan en sus mullidos escaños vivieran la realidad en sus carnes o las de sus familiares más próximos, probablemente no serían tan carotas. Abrir el frigorífico y verlo vacío o rebuscar en el monedero para encontrar 60 céntimos para una barra de pan mediocre no está al alcance de los diputados y senadores. Ellos pagarán con su tarjeta a cargo de los presupuestos del Estado.

No le voy a pedir que se ponga en el lugar de los que están en las colas del hambre, ni de los que casi no les da para llegar a fin de mes. Póngase usted en lugar de su “señoría”, el que más le guste…pepero o sociata, de Vox o podemita, indepe catalán o proetarra… lo mismo da. ¡Cojonudo! Así hasta yo me hago político.-Confucio.

Licenciado en Filosofía (barata)

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