El Capitolio de Trump

Trump se envuelve en la bandera nacional y desata la locura en Estados Unidos. (K.I.)

Espero y deseo que a partir de hoy a nadie se le ocurra intentar convencerme de que el ejemplo más convincente de democracia es, precisamente, la estadounidense. El Sr. Donald Trump es un paleto que no sabe administrar su propia ignorancia de forma más digna como no sea la de intentar demostrar al mundo entero que ha sido derrotado con muy malas artes durante, según él, el fraudulento recuento de votos habido en algunos estados; incluso en aquellos más republicanos.

La Constitución americana, -de la que adelanto no haber estudiado muchas de sus enmiendas-, propone en alguna de ellas el indulto al presidente por acciones como las que ha acabado alentando en sus apariciones televisivas y ruedas de prensa e instando a su vez a sus votantes y simpatizantes a ocupar indiscriminadamente la sede del Congreso, en protesta por su sospechosa, siempre según él, derrota frente a su oponente por el partido demócrata, Joe Biden. Sospechas que sólo se fraguan a la sombra de esa especie de tortilla francesa que parece su cabello bien peinado y bajo la que tiende a ocultar sus verdaderas intenciones de intentar permanecer en el poder todo el tiempo que fuera necesario. Antes de abandonar la presidencia, incluso podría solicitar un indulto general para todos aquellos detenidos que se encuentren a disposición policial por el fracasado asalto al Capitolio.

Esta vez, la coordinación entre las distintas fuerzas armadas pareció haber sido totalmente nula, hasta el punto de que los insurrectos, según Joe Biden, tuvieron tiempo y arrojo suficiente como para ocupar hasta los sillones de los distintos senadores, defendidos en este caso de tan mala manera que su escasa protección policial se saldaría con cuatro asaltantes muertos. Situación difícil de controlar cuando cualquier ciudadano tiene derecho, según la segunda enmienda, a portar armas de fuego en un país ya de por sí tan belicoso como lo demuestran los hechos sucedidos ayer con el intento de la toma del mayor estandarte de la democracia americana como es el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso.

De manera que lecciones de democracia, pocas. A lo sumo participación ciudadana con derecho a protestar ante cualquier estamento, enarbolando pancartas con eslóganes alusivos a las consignas del momento, siempre amparadas por la libertad de expresión de la que los americanos se jactan tan a menudo.

En cualquier caso, espero que ese mal ejemplo americano de un mal perdedor como presidente no cunda como ejemplo en nuestra Unión Europea.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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