La Buena Nueva

En lugar de aquella Buena Nueva planteada en los Santos Evangelios, este año 2001, aciago año donde los haya desde que tengo uso de razón, no parece que quiera ofrecernos ninguna facilidad como para presagiar el bienestar al que somos merecedores después de tantos meses de indisciplina general, de desobediencia sanitaria, de errores en la gestión de la pandemia, del raquitismo que sufre la economía y del deterioro moral que conduce a la apatía, a la depresión y al abandono del amor propio necesario como para tratar de hacerle frente a la adversidad del momento que nos ha tocado, por desgracia, vivir.

¿Qué espera de nosotros la clase política? ¿Qué le perdonemos también su incapacidad manifiesta?

Afrontar una situación como ésta todo el mundo sabe que no es nada fácil, pero hacerlo con dignidad y un mínimo de acierto en la gestión no debe resultar tan difícil cuando otros países, en nuestras mismas circunstancias, no se han dejado amilanar por el peso de las dificultades que entraña el riesgo.

Recuperación económica y pandemia son dos factores que no pueden coexistir sin el riesgo de fagocitarse mutuamente. Intentar reducir sólo el efecto de la pandemia va en detrimento de la ansiada recuperación económica, pero si intentamos potenciar sólo ésta, se cae en el error de correr asimismo el riesgo del aumento de los contagios y en consecuencia de la progresión en el número de muertos también. Por tanto ¿En qué punto concreto radicaría el equilibrio entre ambos factores? Esa es la dichosa incógnita a despejar y que la clase política no ha sabido todavía resolver cuando, precisamente, el virus a empezado ahora a mutar y la indisciplina ciudadana nos ha llevado a un peligroso aumento de contagios, pese a la aparición de la milagrosa vacuna de la que se espera que su peso específico equilibre de algún modo la balanza entre los dos factores protagonistas de nuestros peores males.

Con todo y con eso, el largo compás de espera al que seguiremos sometidos apenas redundará en nuestro beneficio y por tal motivo es aconsejable que mantengamos no sólo la calma, sino, además la recomendada distancia de seguridad, la mascarilla en el exterior y las medidas de higiene previstas para estos casos.

Si a todo ello le sumamos la cantidad de carbón a la que se han visto obligados a repartir los Reyes Magos entre los miembros de la inepta clase política, resulta también lógico pensar que en los próximos días pueda producirse un considerable y peligroso aumento de la contaminación atmosférica; sobre todo en Madrid.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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