Un país acostumbrado a mentir

A diferencia de los anglosajones, los latinos mentimos sin parar, incluidos los políticos, y no pasa nada

Tú mientes en los Estados Unidos y, a pesar de la hipocresía de este país, obtienes reprobación social. Mientes en Alemania y lo mismo. Y en Francia. Y en el Reino Unido. Y en Suecia. La mentira está mal vista en los países más avanzados. Aquí copias una tesis doctoral y eres presidente del Gobierno y no pasa nada. Lo sigues siendo. Y aquí dices que jamás pactarás con los sediciosos catalanes, con Bildu y con Podemos, que incluso te quita el sueño, y luego haces lo contrario; y no pasa nada. Ahí sigues. Aquí compras material sanitario defectuoso a empresas corruptas, material que no libra a sanitarios y ciudadanos de una pandemia y tampoco pasa nada. Aquí no haces los test del coronavirus que dices que has hecho, mientes a la OCDE, a la OMS y a los ciudadanos y sigues en el cargo. Aquí el ministro de Sanidad estudió Filosofía. En Portugal, un país pequeño y vecino, la responsable de Sanidad tiene tres o cuatro carreras relacionadas con esta materia y ataja a tiempo la epidemia: apenas hay casos y casi no ha muerto nadie. En España, que es el país de Rinconete y Cortadillo, todo comienza a ser falso. Persigues a Rajoy por saltarse las normas del confinamiento, pero no persigues a Iglesias por ir al super a comprar sin mascarilla y con un escolta enseñando la pistola y sin mascarilla. Y tampoco pasa nada. Todo empieza a ser demasiado cutre, demasiado cínico, demasiado chabacano. Está claro que la izquierda radical convertirá a España en un desierto, pero también lo está haciendo la España tonta, la de Sánchez. Es una pena que tengamos un presidente presumido, más pendiente de escapar, de mentir y de salvarse él sin salir de La Moncloa que de resolver los problemas de los ciudadanos. Estamos viviendo una pesadilla. Yo llevo más de dos meses sin salir de mi casa y ya no puedo más. Hay gente que soporta tres niños en cuarenta metros cuadrados, sin poder jugar, sin relacionarse con los amigos, sin ir al colegio. Y todo por no haber sido previsores, por haber reaccionado tarde, por dejarlo todo al albur de los acontecimientos. Yo creo que España no se merece estos gobernantes, probablemente los peores –no olvido a la patética época de Zapatero– de la democracia. Este chico no está capacitado para gobernar, es un mentiroso compulsivo y nos aboca al abismo como país. Porque el baile no ha empezado. Ahora estamos en la triste danza de los muertos, pero verán cuando empiece el vals de la economía, con Europa despegando y nosotros abocados al rescate. Porque del rescate no nos va a salvar nadie esta vez. La vez anterior lo hicimos nosotros mismos, tupidos a impuestos por unos dictadores económicos de derechas, tipo Rajoy y Montoro, secuaces perfectos e imprescindibles para exprimir a la clase media, acorralada por su Agencia Tributaria. Ustedes disculpen que no deje títere con cabeza. A lo mejor es que me puede el aislamiento.

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