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El ruido del silencio: por una estrategia nacional contra la soledad involuntaria o no deseada
Es importante recordar, sin ninguna pretensión de apuntarnos ningún tanto pero sí destacar, que hace ahora cinco años, en la Cámara Alta (Senado), en una interpelación que tuvimos la oportunidad de realizar como portavoz de sanidad de mi grupo parlamentario al ministro de sanidad Illa, planteamos el tema que nos ocupa una vez más en este artículo.
Debo decir, por cierto, que aún con nulo éxito. No en vano, el Ministerio de Sanidad ha cambiado seis veces de “manos” en los últimos seis años, lo que hace inviable absolutamente cualquier estrategia nacional.

Catedrático de Cirugía
Presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica y Telecirugía de la ULL.
Doctor en Ciencia de la Información y Sociología. Adjunto Primero Diputación del Común.
Exsenador y Portavoz de Sanidad. /Foto Archivo Kiosco Insular.
Nosotros denominamos esto “Ministerio lanzadera” pues los responsables del mismo han ido a otros puestos, a otras responsabilidades políticas.
En una época en la que nunca fue tan fácil comunicarse, cada vez más personas conviven con una paradoja inquietante: la de sentirse profundamente solos en medio de la hiperconexión que se denomina “soledad involuntaria” o no deseada y que ya no es, como advertimos hace más de cinco años, que no es un fenómeno marginal ni exclusivo de la vejez, se ha instalado de forma silenciosa en todas las edades y contextos.
No se trata de estar físicamente solo, aunque no quieras. Es algo más sutil y a la vez más doloroso, en definitiva la sensación de no ser visto, de no contar con alguien con el que compartir lo esencial. Se puede tener una agenda llena, cientos de contactos en el teléfono y aún así experimentar un vacío persistente. Los expertos señalan múltiples causas de esta soledad no deseada como son los cambios de estilos de vida, las relaciones más frágiles, la precariedad laboral o el desplazamiento constante que dificultan la construcción de vínculos duraderos.
A esto se suma el papel ambiguo pero importante de las tecnologías: que acercan a quienes están lejos pero a veces alejan a quienes están cerca.
Lo que decimos nosotros “estamos conectados pero no necesariamente vinculados”, lo que explican muchos psicólogos y doctores en sociología entre los que me encuentro. La diferencia es clave, la conexión es inmediata y superficial. El vínculo, en cambio requiere tiempo, paciencia y vulnerabilidad.
Decir también que hemos tenido la oportunidad de insistir con este tema en publicaciones a nivel nacional tituladas “Estrategia nacional contra la soledad involuntaria” (28/03/2026) y “La soledad involuntaria, una patología social en su mayoría silenciosa” (07/11/2021), pero creemos que no se está tomando ninguna medida de profundidad para evitarla, a lo cual se suman otras “epidemias” graves como el suicidio, la cronicidad, el edadismo, etc.
La soledad involuntaria es una de las problemáticas sociales mas importantes que tiene este país con repercusiones en muchos ámbitos y que se acentuaron en la pandemia de forma manifiesta. Y creemos sinceramente que no se ha hecho nada o muy poco.
Desde el punto de vista sanitario, las consecuencias no son menores ya que la soledad sostenida puede afectar y afecta a la salud mental y física, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión e incluso enfermedades cardiovasculares y el tratamiento de muchas de las urgencias que se dan en los domicilios y que está teniendo consecuencias devastadoras. Lo más grave, sin embargo es que sigue siendo un problema invisibilizado por muchos responsables políticos y además rodeado de estigma.
Importante reconocer la soledad no como un fracaso individual sino como un desafío colectivo, permite abrir nuevas vías de solución, iniciativas comunitarias, espacios de encuentro y políticas públicas claras.
Por todo lo anterior se hace imprescindible tomar medidas de estrategia nacional porque los localismos no conducen a ninguna solución. Ahí los municipios, Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, creando protocolos específicos, desempeñan un papel enorme para conseguir hacer un registro nacional de soledad involuntaria o no deseada.
Países como Inglaterra, Alemania e Italia han tomado medidas como problema nacional importante, llegando a crear en algún caso un Ministerio específico para desarrollar la estrategia de lucha contra la soledad. También es verdad que como yo le comento a mis alumnos de medicina en los distintos cursos “de los que se mira solo se ve lo que se sabe”, por lo tanto para tomar medidas serias y con evidencia científica lo primero es que hay que saber. Y ahí creemos que radica uno de los problemas graves de la gestión de este país, principalmente en los últimos ocho años.
El tema de la pandemia COVID hizo poner tristemente “a flor de piel” la problemática tan seria de la soledad involuntaria o no deseada y que afecta como hemos dicho no solo a las personas de edad avanzada sino también a gente joven.
Y recordar que de la población española (50 millones de ciudadanos), el 23% tiene 65 años o más y que habiendo ganado 17 años a la vida en los últimos 40 años (gran logro social de todos), hoy este éxito colectivo lo están convirtiendo en un problema de forma irresponsable ya que se jubila a la gente por obligación y además se está haciendo un daño enorme al talento. Todo un cocktail explosivo que hay que solucionar de forma inmediata y que por cierto mayoritariamente no es un problema económico, es de estrategia.
Stop a la soledad no deseada. Este país no se merece tanta torpeza, falta de preparación y populismo en temas de salud. Ya está bien, no se puede seguir mirando a otro lado y solo hacer declaraciones-parche ineficaces. “Con las cosas de comer no se juega”. Basta ya.
Antonio Alarcó Hernández
Catedrático de Cirugía
Presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica, IA y Telecirugía de la ULL
Doctor en Ciencia de la Información y Sociología.
Adjunto Primero de la Diputación del Común
Exsenador y Portavoz de Sanidad
