Off the record

La mentira, venga de donde venga, tiene las patas muy cortas.(K.I.)

Las manifestaciones recogidas, off the record, de la ministra de Igualdad Irene Montero sobre la repercusión que el miedo generado por la Covid-19 tuvo en la asistencia a la manifestación del 8 de Mayo, ha puesto de relieve la inocencia con la que algunos responsables del actual gobierno se permiten opinar en público sobre un hecho tan concreto, aproximándose, aunque sólo en parte, a la verdad con la que sus desafortunadas declaraciones rayan la osadía más innecesaria. Declaraciones que inmediatamente ha aprovechado el Partido Popular para ser llevadas  al terreno de la responsabilidad política, tratando de incidir sobre la Fiscalía para que cite a Montero como testigo de lo que ellos consideran un posible delito contra la salud pública.

No cabe ninguna duda de que el conjunto de la sociedad es responsable también de sí misma. La prueba es que muchos dejaron de asistir a dicha manifestación del 8-M porque su propio criterio así lo aconsejaba y, posiblemente, también algunos de ellos se habrán contagiado por otras muchas distintas circunstancias. ¿Quiere acaso decir esto que el origen de la pandemia tuvo lugar en esa precisa manifestación? Rotundamente, ¡No!

¿Ya nadie recuerda cuando en 2003, siendo presidente del Gobierno, el mismo Aznar afirmaría rotundamente estar en lo cierto cuando aseguraba que Irak se encontraba en posesión de armas de destrucción masiva? Incluso enfatizaría en ello declarando entonces: “Estoy diciendo la verdad” 

¿Y tampoco se recuerda que, por ejemplo, en circunstancias de riesgo nacional por terrorismo, el señor Aznar afirmaría, más que sugerir, que los atentados sufridos en Madrid aquel infausto 11-M de 2004 habían sido obra de ETA, lo que daría lugar desde entonces a las ya tristemente conocidas como teorías de la conspiración?

La revelación de una sospecha no se traduce necesariamente en una mentira, como tampoco en una verdad. Por lo tanto, esa sospecha admitida por la propia Irene Montero y recogida de forma fraudulenta para tratar de conspirar con su testimonio en beneficio del PP y en contra de la política llevada a cabo en materia de prevención en relación a la Sanidad Pública por el PSOE, desde el punto de vista fiscal parece bastante difícil que prospere.

La derecha es capaz de agarrarse a un clavo ardiendo como ha sido el de la sospecha de Irene Montero para tratar de sacar rédito de una situación que, precisamente, a medida que pasan los días se va normalizando de forma paulatina desde el punto de vista sanitario. Otra cosa muy distinta será como afrontar el  problema económico al que próximamente tendremos que enfrentarnos todos, incluidos el Gobierno y la oposición.

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