La Benemérita

La Guardia Civil, junto a la Policía Nacional, ha sabido granjearse el respeto de la sociedad española en los últimos cuarenta años y está considerado como uno de los mejores cuerpos de seguridad mundial. (K.I.)./Foto: AUGC-Seprona.

Parece mentira que en un país democrático como es el nuestro, la ministra de Defensa, Margarita Robles, tenga que haberse visto en la obligación de tener que tranquilizar a la población, advirtiendo a través de los medios de comunicación de que no existe ningún indicio ni riesgo alguno de insubordinación en el seno de la Guardia Civil.

Ello demuestra el miedo atávico que siempre ha existido entre la población española desde tiempo inmemorial como para que se necesite pedir tranquilidad y calma después de que el ministro del Interior, Grande Marlaska, hubiera decidido destituir de su cargo al general Diego Pérez de los Cobos, por lo que ha dado en considerar “pérdida de confianza”.

Se supone que con la Guardia Civil habría que ir siempre con pies de plomo porque nunca se sabe de lo que pueden ser capaces sus miembros cuando se sacuden sus propios intereses. Sin embargo, habrá que reconocer en su favor, aunque por ello no menos imprevisible, que la Guardia Civil no es hoy en día ni mucho menos parecida a aquella otra representada por la figura siniestra recortada contra el crepúsculo del horizonte de una pareja con tricornio negro de mal augurio, capote hasta los tobillos y pesado fusil al hombro, recorriendo a pié los caminos solitarios de la geografía española y que tan bien describiera en algunos de sus versos el poeta Federico García Lorca.

Cambiando el sentido de la institución en la frase atribuida al Quijote, los gitanos solían decir: con la Guardia Civil hemos topado, dejando a la Iglesia aparte cuando, para sus desgracias, a lo lejos divisaban la negra geometría de los tricornios de la pareja de la Benemérita.

Paulatinamente, el Instituto Armado ha ido sacudiéndose de la amarga posibilidad de haber llegado hasta nuestros días con aquella mala fama que le precedía desde que fuese fundada en 1849 y en su quehacer cotidiano se convirtiera en la pesadilla de los entornos rurales de una España empobrecida y yerma de libertades individuales como de las que hoy, afortunadamente, presumimos a pesar de las optimistas advertencias de la ministra Margarita Robles.

Debería darse por hecho, por sentado e inimaginable que hoy en día se esté especulando con la muy lejana posibilidad de que la Benemérita pudiera ser sospechosa de una sublevación contra el Gobierno dada su condición de Instituto Armado. De manera que no habría por qué justificar ni siquiera su malestar, si es que lo hubiere, y no sentirnos intimidados en un estado de derecho como del que disfrutamos amparados por la Constitución.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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