Pese a las referencias en las encuestas, el milagro no se ha producido. Castilla-León continuará en manos de los que muy poco han venido haciendo por ella, pero la realidad es que el Partido Popular dependerá de Vox para alcanzar la mayoría deseada para gobernar.
Pablo Casado, aunque por intereses de su partido, sigue tirando de la manga de Abascal para tratar de no perder el reto que significa gobernar en Castilla-León y a eso tendrá que ir acostumbrándose Pedro Sánchez si lo que pretende es cambiar en el futuro la idiosincrasia y la intención de voto de la España vacía de la que tanto ha dado que hablar en los últimos tiempos.
En cualquier caso, no me mueve a compasión el derecho ejercido voluntariamente por parte de los castellanos. Ellos, mejor que nadie, deben saber muy bien lo que les conviene, aunque sea a costa de que la extrema derecha gane terreno en la mayor comunidad del espacio político español. Cada cual es dueño de su propio destino y, en tal sentido, así han obrado los llamados a las urnas.
Nadie persigue nada que no pueda alcanzar, máxime cuando el ejercicio del poder se ha tenido en la mano durante tanto tiempo como lo tuvo el Partido Popular en su día. A ello, todavía hoy, continúa aferrándose desesperadamente Pablo Casado, sin ignorar la cantidad de obstáculos, fruto de la ambición política en el propio seno de su partido y que va encontrando en su camino cada día hacia la presidencia del estado. Su credibilidad, además de su eficacia política se está poniendo en entredicho, cosa que le obliga a dar continuamente palos de ciego a pesar de contar con el amparo de ese lazarillo en el que se ha convertido Egea y quien no se ha separado de su lado ni siquiera en esta última campaña de tantas ganaderías, cosechas, remolachas, vinos, quesos, además de otras muchas excelencias de los campos de Castilla.
Y ahí continúa Díaz Ayuso, ganando enteros entre los suyos a pesar de estar siendo muy criticada por un amplio sector de la población en relación al falso compromiso político para con la comunidad de Madrid.
La mayoría de partidos entre sí, se reparten codazos a diestro y siniestro por mejor posicionarse en la línea de salida y cuya meta no es otra que las próximas elecciones generales. Hasta entonces, calma señores.
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
