Sentido de Estado

Qué hemos hecho para merecer a esta gente

Cada día estoy más convencido que las nuevas generaciones de ciudadanos se preocupan menos por el bien común y sólo piensan en ellos. De unos años a esta parte observamos en institutos y universidades un montón de jóvenes de vida superficial, alejados de la política y por ende de los asuntos sociales y económicos. Los fines de semana empiezan ya los jueves por la noche y ha aumentado de forma preocupante el consumo de alcohol, en el mejor de los casos.

Los padres de muchos de estos jóvenes no aprendieron de los más mayores –los abuelos– el significado del esfuerzo para conseguir el bienestar que la guerra civil y mundial había sustraído a toda la población. Muchos saltaron el charco y otros se fueron a Europa gracias a lo cual nuestro país progresó, porque la riqueza personal por el esfuerzo del emigrante también revertía en sus lugares de origen.

Tras cuarenta años de dictadura fueron conscientes que no podía haber otra cruenta guerra civil; de izquierda a derecha tuvieron Sentido de Estado para no cometer errores que podrían volver a meternos en las tinieblas. Políticos y Ciudadanos nos dimos una Democracia que ahora disfrutamos, todo ello a pesar de militares golpistas y terroristas asesinos que hacían tambalear los cimientos del nuevo régimen.

Hemos disfrutado del periodo de paz más largo de la historia de España gracias, en parte, al Sentido de Estado y a pactos a veces incomprensibles que sólo buscaban la estabilidad nacional. Echo en falta en la clase política líderes que sean auténticos estadistas y que antepongan el bien común de nuestra nación antes que el suyo o de su partido. No es de extrañar que por esa razón exista tanta apatía en nuestros jóvenes por los temas políticos.

Es preocupante que los jóvenes y de mediana edad se dejen comer la cabeza con discursos reaccionarios y populistas. Los extremos se tocan en su intransigencia y demagogia, da igual que se vistan de morado o de verde, su discurso lo único que consigue es desestabilizar y dinamitar los cimientos del Estado, todo ello con el apoyo de independentistas, pro etarras y nacionalistas de dudosas ideologías poco democráticas.

A todo este revoltijo ideológico sin sentido le sumamos la crisis económica, la pandemia y la falta de futuro laboral de millones de personas de todas las edades consiguiendo un caldo de cultivo idóneo que es aprovechado por todos estos nuevos pisadores de moquetas institucionales. La pregunta recurrente de muchos es: ¿Qué hace falta ya para que todos tiren del carro en la misma dirección? Yo diría que en la única dirección: Sacar a nuestro país del pozo donde estamos metidos.-Confucio.

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