Billy El Niño

No sería nada descabellado alterar el orden si afirmáramos que ha muerto “Billy el Niño” alias Juan Antonio González Pacheco. Por Billy el Niño era conocido el torturador que tantas veces sometió a crueles interrogatorios llevados a cabo a tantos detenidos durante la larga dictadura  a cargo de la Brigada Político Social de la que en su día había sido “reputado” inspector. Sin embargo, por su verdadero nombre le conocían bien pocos, hasta que los medios de comunicación le localizaron gozando de sus prebendas bajo el cielo goyesco de Madrid y de paseo por sus alamedas. Prebendas pagadas en metálico por las también metálicas medallas al mérito policial acumuladas y concedidas a lo largo de los años dedicados a capturar a los enemigos del régimen entonces establecido por el general Franco.

Nadie debe alegrarse de su muerte a cargo del invisible Covid-19, pero con toda seguridad, excepto su propia familia y amigos más íntimos, no parece que ninguno más esté del todo dispuesto a llorar su pérdida.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha reclamado, a título póstumo, la retirada de todas las medallas de las que disfrutaba el que fuera acusado de torturas durante el largo ejercicio de su profesión como inspector de policía.

El pasado mes de Enero, el Gobierno promovió la modificación de una Ley para la retirada de las medallas, pero que sin embargo, en ciertos casos, excluye la posibilidad de hacerlo en el caso de muerte del beneficiario. De manera que dadas las circunstancias, no parece segura que la propuesta promovida por  la ARMH, prospere con el éxito que esperaban, aunque tal desencanto no lo podría sufrir en vida el temido ex comisario, habida cuenta de que el Covid-19 se ha adelantado a los acontecimientos previstos. No se sabe si las condiciones de la muerte pueden pesar en su contra en tiempo de paz, pero de lo que sí estamos todos de acuerdo es de que su fallecimiento no se debió tampoco a un acto de servicio activo en favor de la comunidad. Por el momento, nada más sabemos de su vida privada que nos haga suponer que deja herederos que podrían beneficiarse en su ausencia de su supuesto matrimonio, incluidas las medallas en cuestión además de sus emolumentos por tales distinciones.

Sea como fuere, Antonio González Pacheco no pudo interrogar con la eficacia que siempre le caracterizó a un asesino en serie de tales características como Covid-19 que terminaría por llevárselo por delante como, por desgracia, a tantos otros, después de que se hubiera presentado sin previo aviso en el país en el que, bajo el nombre de Billy el Niño, defendiera con tanto ahínco cuando, precisamente, la convivencia entre españoles resultaba del todo insoportable.

Al fin y al cabo, la muerte es, por desgracia, la más democrática de todas las adversidades.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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