jueves, octubre 28, 2021
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Filosofía cínica

La escuela cínica nos enseña que la filosofía posee una utilidad práctica innegable. El arte de vivir está unido al ansia de libertad y de autenticidad. Ser libre y vivir felizmente son las aspiraciones fundamentales de cualquier persona. Vivir la vida que uno quiere es lo que proponían los filósofos cínicos de la Antigüedad.

Los planteamientos de los pensadores de las escuelas helenísticas pueden ser puestos en práctica también en la vida cotidiana del siglo XXI. Porque la búsqueda de la verdad, del saber y la belleza, etc., hacen más profunda la vida humana y la llenan de sentido. Se trata de hacer lo que nos apasiona o de lo que creemos que nos gusta o es bueno para nosotros, sin límites previos y ejercitando la voluntad. Ser autosuficientes es básico y cada persona es lo que quiere ser sin imposiciones de ningún tipo. Aprender constantemente es lo propio de los seres humanos. Esto lo sabían perfectamente Antístenes y los demás pensadores cínicos. La actividad intelectual integrada en la existencia es lo que nos hace avanzar de modos prodigiosos. Se trata de satisfacer la curiosidad universal y esto se logra leyendo, escuchando, viendo, investigando, pensando y buscando lo que nos hace crecer como seres humanos. La felicidad es el camino o la búsqueda que solo termina con la muerte.

La realización de proyectos nos hacer vivir con más intensidad. La acción es una de las claves de la buena vida. El pensamiento crítico es lo mejor contra la estupidez y la ignorancia que abundan en el mundo. El cinismo afirma el inmenso valor de la creatividad, ya que es lo que da mayor sentido a la vida humana y lo que nos distingue en el sucederse de las generaciones.

Disfrutar de la vida supone hacer la vida que uno desea con plena libertad y gozo y sin importar nada lo que digan los demás, ya que cada sujeto es dueño de sus actos y de su propia vida.

Las mentiras, los engaños, las falsedades, la hipocresía y el egoísmo excesivo, así como la violencia y la agresividad, perjudican a todos y hacen más difícil la existencia en la convivencia social.

Valorar los momentos felices de la vida y disfrutarlos con plena intensidad no está reñido con gozar del saber y de la belleza, en todos los sentidos pensables e imaginables.

Enfocar las cosas y la realidad de modo positivo está a nuestro alcance.  Y esto lo sabían también los cínicos, epicúreos, estoicos y escépticos de la Grecia antigua. El tiempo del que disponemos en la vida aunque sea largo es limitado y, por tanto, lo más racional y coherente es aprovecharlo al máximo, pero con serenidad y equilibrio. Lo que presupone también ser conscientes de la fugacidad de todo y del eterno retorno de la vida en distintos seres a través de los siglos.

El coraje en la vida es uno de los valores principales para los cínicos, puesto que es cierto que sirve para afrontar mejor y más sólidamente los problemas y las adversidades que surgirán inevitablemente en el curso de la existencia.

Luchar por una vida más humanizada para todos debería ser también un objetivo irrenunciable y una meta prioritaria. Convertirnos en seres libres y racionales es otra de las exigencias que se pueden plantear en un cinismo del siglo XXI.

El cultivo de la mente y del conocimiento, el diálogo y la libre discusión nos proporcionan felicidad, sin ninguna duda. Las relaciones sociales y los viajes también potencian la vida y la llevan a nuevos niveles de satisfacción y plenitud. El valor de la amistad y del amor es el hilo conductor de una vida más profunda que trasciende lo exclusivamente material y supera el tiempo.

La memoria o el recuerdo de los innumerables momentos felices es la expresión de la finitud, pero a la vez es una forma de eternidad en el presente y en el futuro que está sustentada en el pasado vivido y realizado a lo largo de los años y de las décadas.

De todos modos, desde la perspectiva cínica el presente y el futuro están abiertos totalmente a todo y de eso se trata. Lo mejor es desarrollar todas las potencialidades y talentos para ser la mejor versión de nosotros mismos. Podemos ser mucho más de lo que pensamos. Con acción masiva en la vida se puede afirmar que todo es posible. Lo único que hace falta es tener la valentía, el coraje, la voluntad y la determinación de hacerlo, de atreverse.

 José M. López García

Doctor en Filosofía por la UNED

Licenciado en Ciencias de la Educación por la UNED

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