Un país rastrero

Holanda: No se puede caer más bajo

Sin comentarios.

El exceso de información virtual me está haciendo cada día más agresivo. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para evitar meterme en Twitter y empezar mandar a tomar… “aire” a la ingente cantidad de impresentables que pululan por las Redes Sociales. Tenía en un alto concepto de políticos y ciudadanía de Holanda, ahora denominados países rastreros, por sus libertades y concepción de la convivencia. Estos imbéciles holandeses se han creído el ombligo del mundo por las libertades individuales, el consumo de maría, la prostitución, los diamantes, los negocios navales y un largo etcétera; deberían tener cuidado en la popa, no vaya a ser que una ola los borre del mapa. A lo que iba, Holanda –parece ser que les jode que los llamen así– no quiere viejos, ni hispanos, ni enfermos. Lo más próximo al nacismo que he podido leer en estos días, dejando a un lado a los catalanes independentistas, son las noticias provenientes de los países rastreros. Europa o lo que queda de ella no puede permitir que una supuesta nación llamada Países Bajos (más que bajos rastreros) se permita el lujo de cuestionar a los millones de personas que están luchando por el enemigo silencioso y oculto que nos acecha. Mi lectura es clara, el enemigo es el virus y los países rastreros se están aliando a él. ¿Qué pasaría si en lugar de un virus fuese una coalición internacional que ataca a Europa? ¿Lucharían junto a la OTAN o serían unos putos traidores? Lo de Holanda, países rastreros, es para darles una patada en los mismísimos y mandarlos al fondo del océano. Como dijo el presidente de Portugal: Repugnante.- Confucio.

Licenciado en Filosofía

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