Síndrome de Pilatos

Si bien Poncio Pilatos, con tal de no responsabilizarse del martirio y muerte de Jesús, tuvo a bien lavarse las manos en señal de incapacidad, nosotros, inocentes todos de esta pandemia que nos asola, llevamos desde nuestro confinamiento lavándonos también las manos continuamente por razones bien distintas que no tienen nada que ver con nuestra supuesta irresponsabilidad; más bien, porque somos del todo responsables del peligro que entraña la falta de higiene en el caso que nos ocupa. Otra cosa bien distinta es la premura con la que la derecha de este país haya determinado exigir responsabilidades a los componentes del gobierno de la nación por su aparente relajación en intervenir a tiempo para frenar el contagio.

No se trata de irresponsabilidad sino tal vez de incapacidad, que es bien distinto, pero no de incapacidad por parte de las autoridades sanitarias de las que todos sabemos hasta que punto de participación han llegado, sino de incapacidad para gestionar a tiempo las infraestructuras necesarias para dotar al personal clínico de los EPIS necesarios para llevar a cabo, sin riesgo alguno, la debida atención médico-sanitaria a los miles de enfermos que repentinamente se han venido agolpando a las puertas de los numerosos ambulatorios diseminados por toda la geografía española.

No se pueden prever infraestructuras de antemano para algo que ni siquiera se ha visto crecer en nuestro propio país en la medida que, por ejemplo, lo hacía en China. El corto espacio de tiempo que hemos tenido entre el nacimiento del virus y su propagación, ha hecho materialmente imposible la agilidad deseada entre la oferta y la demanda de mascarillas, batas, respiradores, test, etc., etc., de tal modo que tratar de buscar culpables ahora o más tarde no conduce a solucionar el problema de forma inmediata.

Otra cosa bien distinta sería que el gobierno se lavase las manos, en sentido figurado, para eludir un problema que le afecta profundamente no sólo en lo político sino, sobre todo, en lo económico en un momento tan delicado como en el que nos encontramos todos. Lo discutible y criticable podrá ser en el futuro, cuando todo esto acabe, las gestiones indispensables para alcanzar equilibrar de nuevo la maltrecha economía en la que ha quedado sumida la nación y tratar de poner en marcha el grueso de toda nuestra industria pesada y actividades comerciales en general.

Sin embargo, es de prever que la Sanidad Pública saldrá fortalecida de esta amarga situación y que la ciudadanía exigirá más mejoras aún que las que ya se hayan podido producir hasta el momento porque nunca más que ahora, la vinculación entre pacientes y personal sanitario ha sido tan estrecha ni ha exigido tanto una identificación tan alta con los valores de fraternidad y compromiso como los alcanzados hasta el momento en el que miles de personas han acudido precipitadamente a los cientos de dependencias hospitalarias para ponerse a salvo.

De manera que lo único que ahora preocupa y que desea el grueso de la población, es que esta pandemia que nos asola remita cuanto antes y poder volver a la maldita rutina preferible al contagio.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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