jueves, octubre 28, 2021

La casa donde vivo

Cuando no hay pudor y se hace el ridículo

La casa donde vivo aquí es el asombro azul. El mar es la prisión del sol, espejo de la luz… Islas de la Esperanza, no sé qué fuerzas saco, qué sostenes de pinos hacia arriba, qué volcanes de amor entre mi gente antigua, para reconstruir primero la paz entre las ruinas”.

Quería empezar estas letras juntas sin la acidez que habitualmente me caracteriza, una letra amable de un vals popularizado por los laguneros ataviados con manta esperancera en uno de sus discos más celebrados y vendidos.

Mi casa, donde vivo aquí, no tiene paredes y tampoco techo. Mi casa es todo el archipiélago. Yo no estoy con esas chorradas de “Todos somos palmeros”; ya lo era antes que alguna cadena que nos cuesta una pasta lo repita en un soniquete insoportable que termina consiguiendo el efecto contrario. Somos un territorio fraccionado en ocho volcanes que son nuestra casa común, nuestra casa…con un techo que es nuestra cotizada bóveda celeste y con unas paredes de basalto.

El enterado, el prepotente, el ignorante… curiosamente casi todos godos, deberían tener en cuenta que esas bocas rellenas de “alcachofas” de todos los colores, deberían permanecer cerradas. No hace falta que ningún político, hombre o mujer, se quede con sus vergüenzas al descubierto ante su ignorancia. ¿Por qué construimos junto a un volcán? Ignoranta, nosotros no construimos junto a un volcán, lo hacemos sobre él. Nuestras islas son de fuego y lava.

La casa de mi vecino es mi casa, la huerta de plátanos es mi huerta… la iglesia de Todoque es mi iglesia y la gente que llora ante preguntas imbéciles me duelen porque son los que conviven bajo el mismo techo. Yo no cuestiono si Dios no evitó que la lava arrasara este vergel, que lo hagan los godos y godofílicos que viven anclados en su prepotencia hispana.

Ser isleño tiene, entre otras cosas, convivir con el malpaís. Tenemos múltiples ejemplos de cómo los canarios han ido robando tierra al “Diablo”. Algún periódico comprado por los Íberos se ha permitido bautizar al volcán. Ignorantes, prepotentes… Los naturales del Valle de Aridane, los que lo han sufrido, ya lo llaman El Demonio, El Diablo o la Ventana del Infierno. Para ellos es eso…no un Tajonosequé con el que cada ”Día” pretenden bautizarlo.

Es muy típico de los periodistas atribuirse cosas…ahora quieren bautizar al volcán. Pasados unos años dirán: “Eso fue idea mía”. El inefable Fernando Fernán Gómez diría: “Váyase usted a la mierda… a la mierda”. El espectáculo que los medios han ofrecido sólo tiene un calificativo: Lamentable.

Leemos en la prensa diaria al simpático de turno que equipara la tragedia de perder una casa con una derrota de los chicos del Bernabéu. O a todos los enchufados de cierta cadena haciendo de científicos avezados…joder… ¿Hasta dónde pueden llegar estos personajes? El problema es que hace menos de un mes los sufríamos a pequeña escala, ahora tenemos a todos los medios metiendo el dedo en el prepucio de todos.

Mientras tanto una parte de mi casa está sufriendo estragos. Yo no soy palmero ahora, siempre lo he sido…no hace falta que me lo recuerden. Lo único que deseo es que informen con objetividad…la lava del volcán no es amarilla… es roja.–Confucio.

Artículo anteriorLa Graciosa y La Palma
Artículo siguienteSerenidad
RELATED ARTICLES

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES