domingo, septiembre 25, 2022
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La Graciosa y La Palma

Mientras en la pequeña y coqueta isla de La Graciosa una conocida miembro del clan Pantoja está a punto de celebrar sus nupcias con un canarión a quién ella misma denomina cariñosamente con el posesivo sobrenombre de “mi negro”, en la isla bonita sus habitantes continúan sufriendo el caprichoso y siniestro vómito del volcán, desahuciando violentamente a cada quién de su propia casa además de por su propio bien y por el de su familia y animales.

Que incongruencia en un mismo archipiélago. Para la discreta isla de La Graciosa, la visita de una cincuentena de invitados por parte de los novios, ya de por sí, puede considerarse una multitud, habida cuenta del número de personas que normalmente la pueblan. Pero lo peor de todo sería hacer creer a sus habitantes que este tipo de eventos podrían beneficiar la precaria economía  de la que se supone adolece la paradisiaca islita, ocupada hoy en unos festejos horteras cuyos organizadores sólo saben vivir del cuento, de los reality shows y de representar baratijas entre los cutres compradores en las redes sociales, mientras, por su parte, ellos mismos se lucran con ganas con todas las comisiones destinadas por algunos medios de comunicación por tal de presumir de la tamaña exclusiva de un enlace matrimonial entre unos don nadie propios de un comic de chiste.

En ocasiones, más que nunca y aquí en Cataluña, siento verdadera vergüenza ajena ante tanta afrenta por parte de ese amplio sector de una sociedad que vive exclusivamente del rédito mercantil que les otorga el exhibir públicamente el drama de su propia vida íntima, puesta a disposición de los demás en los distintos platós de televisión para exigir luego el máximo respeto, tratando de preservar su propio honor, vendido de antemano, de toda especulación moral por parte de la gente que, como yo mismo, opina libremente sobre su ética tan poco profesional y tan arrastrada en los medios de comunicación.

Lo más triste de este nuevo capítulo que nos ofrece la televisión, es que la celebración de este hortera enlace matrimonial, pudo haberse podido suspender por el inoportuno fallecimiento de la abuela de la novia, la matriarca del clan Pantoja y de nombre doña Ana, Q.E.P.D. y no por el triste acontecimiento telúrico de la isla de La Palma y que ha dejado tantos damnificados tan cerca de La Graciosa. ¿Cuántos canarios hubieran tenido que morir para suspender la boda?

Esa es la pregunta.

zolilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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