El gran filósofo francés Bergson nació en 1859 y falleció en 1941. Le fue concedido el Premio Nobel de Literatura en 1927. Fue uno de los pensadores más influyentes en el ámbito filosófico de las primeras décadas del siglo XX. Su profundidad conceptual y la belleza expositiva de sus escritos filosóficos fueron reconocidas de forma unánime. Escribía de forma clara y con una gran rigor y precisión.
Formado en la Escuela Normal Superior de París, ejerció como profesor en diversos liceos y, posteriormente, en el Colegio de Francia que sigue siendo una institución educativa que imparte enseñanza e investigación sobre los avances más recientes del conocimiento. Los profesores son investigadores de primer nivel elegidos para ocupar una cátedra y las clases y conferencias están abiertas al público y son gratuitas. Se tratan cuestiones de filosofía, matemáticas, historia, biología, física, literatura, etc. Bergson impartió en este centro algunos de sus cursos más influyentes. El pensamiento de este filósofo se desarrolló en un periodo de gran confianza en las ciencias naturales y en las explicaciones mecanicistas de la realidad. Ante este estado de cosas, Bergson quiso construir una filosofía de la experiencia viva, del cambio y de la creatividad. No compartía las interpretaciones de las filosofías positivistas y estaba convencido de que una visión excesivamente intelectualista de la realidad no era lo que demandaban los nuevos tiempos. Su intención o propósito fue recuperar la riqueza de la conciencia y la vida, aspectos que, según él, eran deformados o manipulados cuando se intentaban comprender mediante conceptos rígidos o esquemas puramente espaciales o científicos.
La filosofía de Bergson recibió diversas influencias. Admiraba a Platón y Aristóteles y también a Leibniz, entre otros. Además, estaba de acuerdo con los planteamientos de la tradición espiritualista representada por Félix Ravaisson y Jules Lachelier. Rechazó algunos aspectos del criticismo de Kant. Prestó una gran atención a la biología de su tiempo, a la psicología y a las teorías evolucionistas posteriores a Darwin.
Su tesis doctoral, que fue su primera gran obra, Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia de 1889, introdujo una idea fundamental: la duración. Sostenía que el tiempo vivido por la conciencia no coincide con el tiempo homogéneo y cuantificable de la física. Es un libro extraordinariamente denso y con análisis minuciosos de los fenómenos conscientes. En esta obra, lo que expresa Bergson es que la vida interior constituye una continuidad dinámica, en la que los estados de conciencia se interpenetran y cambian constantemente.
El error del intelecto es tratar esa realidad cambiante como si estuviera formada por elementos separados y medibles.
En su libro Materia y memoria de 1896 elaboró una filosofía de las relaciones entre el cuerpo y el espíritu. Rechazó tanto el materialismo como el dualismo entre cuerpo y mente. La memoria no era, para él, un simple depósito cerebral, sino una dimensión esencial de la conciencia. El cerebro actúa como un órgano de selección con el fin de facilitar la acción, pero la memoria conserva el pasado y permite que éste se prolongue en el presente. De esta manera, la identidad personal es definible como una continuidad temporal y no como una sustancia fija.
En el libro La risa de 1900 estudió el fenómeno de lo cómico, desde una perspectiva filosófica y social. La risa, según Bergson, surge cuando advertimos algo mecánico, rígido o automático en la conducta humana. El humor cumple una función correctora, ya que la sociedad emplea la risa para combatir la excesiva rigidez y favorecer la adaptación de los individuos al medio colectivo. Algo que puede ser completado de una forma más clara diciendo que las contradicciones de la vida producen risa.
El libro más famoso de Bergson es La evolución creadora de 1907 que constituye una interpretación de la existencia. Propuso la idea del impulso o élan vital, una fuerza creadora que impulsa la evolución y produce formas nuevas e imprevisibles. La realidad, afirma él, no es una estructura acabada, sino un proceso de invención continua.
En la obra La energía espiritual de 1919 reunió varios ensayos en los que profundizó en cuestiones relativas a la conciencia, la memoria y la relación con el alma y el cuerpo. Mostró un creciente interés por los fenómenos psicológicos y también por aspectos de la espiritualidad humana.
Finalmente, en su libro Las dos fuentes de la moral y de la religión de 1932, distinguió entre sociedades cerradas y abiertas. Las primeras se apoyan en la obligación y en las costumbres colectivas; las segundas se inspiran en el amor y en el impulso moral de grandes personalidades religiosas.
En cuanto al método filosófico de Bergson se apoyó en la intuición. No entendía por intuición una emoción vaga o irracional, sino un esfuerzo intelectual capaz de penetrar en el movimiento mismo de las cosas. Su filosofía puede calificarse como una metafísica del tiempo, de la creatividad y de la experiencia vivida.
La influencia de Bergson fue inmensa durante las primeras décadas del siglo XX. Inspiró a escritores como Marcel Proust y también a pensadores como William James y a fenomenólogos como Merleau-Ponty y otros. Su influencia se nota también en ciertas corrientes de la psicología actual. Concretamente, en la psicología humanista y existencial y en la psicología fenomenológica.
Doctor en Filosofía por la UNED
Licenciado en Ciencias de la Educación por la UNED
