Cuando se cumplen dos años de la declaración del Estado de Alarma, inconstitucional según los tribunales, todos los sectores implicados quieren hacer balance de lo vivido durante esta etapa tan dura; unos recibiendo un masaje retransmitido en directo por parte de los profesionales de algunos medios y otros haciendo balances –siempre positivos– de su gestión durante esta etapa.
Surfeando entre olas víricas, esquivando tormentas agresivas, temblando antes y durante una erupción volcánica, pagando los platos rotos de una mala gestión económica con subidas de precios desmesurados y ahora, para rematar la faena, una guerra provocada por un loco genocida que nada tiene que envidiar al loco pintor austriaco nacionalizado alemán.
Me parece fantástica –dicho sin ironía– la reacción de los europeos ante la avalancha de refugiados ucranianos que en poco más de quince días aumenta de forma brutal. Está claro que huir de las bombas y del exterminio que está provocando el ex espía es la única opción para mujeres, niños y ancianos.
Ya no me parece tan fantástica –dicho también sin ironía– que los países europeos tan solidarios con estas personas que huyen no lo sean también con los subsaharianos que como pueden llegan a la frontera sur de su continente. Llevamos décadas en “los sures” viéndolos morir en las aguas del Atlántico y Mediterráneo. Unos vienen porque en sus países no tienen futuro y otros porque están en guerra.
Esos conflictos no son tan sonoros y mediáticos como las bombas del ruso y los niños huyendo con peluches, pero son igual de lamentables y terribles. Camerún, Etiopía, Mozambique, Sahel, República Centroafricana, Mali o Sáhara Occidental, según los datos de Ayuda en Acción, son lugares donde las guerras y conflictos de otro tipo provocan, además de muerte y destrucción, que los naturales de esos lugares huyan en busca de sitios más seguros.
Europa ha vivido un periodo de paz, bienestar y progreso al que se sumaron algunos países de la extinta Unión Soviética ante el fracaso del sistema comunista. Europa ha sido un territorio donde el Estado del Bienestar nos ha llevado a depender de la gran Factoría China, la energía rusa y la protección norteamericana. El “trabajo sucio y poco cualificado” lo hemos dejado en manos de los sudamericanos, africanos u orientales. Los europeos somos gente muy fina, educada, progresista y sobre todo ecologista. Y me parece bien, es nuestra cultura.
Ahora que viene la Semana Santa con sus ejercicios espirituales –esto si es con ironía– deberíamos hacer examen de conciencia y preguntarnos muchas cosas. No creernos a pies juntillas lo que dicen los medios… que Las Teresitas está en Gran Canaria, que la culpa de la subida de la luz, los combustibles, la comida es de los rusos y sus bombas. Algo de culpa tienen, pero que “no me la den con queso”.–Confucio.

La mejor reflexión que he leído sobre lo que se está viviendo. Lo comparto al 100%
Es cierto. Recordemos lo que pasó también con los sirios. Lo de Europa es de locos y si, es cierto, hemos puesto todos los huevos en un cesto chino.