Un hombre a una nariz pegado

La política se está convirtiendo en algo parecido a la famosa pintura. (K.I.)/Duelo a Garrotazos.Pintura Negra de Goya.

Abundando en lo explicado en mi anterior escrito de opinión en relación a las figuras literarias de concepto satírico que Quevedo utilizaba tanto en prosa como en verso, habíamos citado el hecho de que el poeta las dividía en dos distintas categorías: de carácter natural unas y de carácter artificial otras.

No le duelen prendas al poeta de “Erase un hombre a una nariz pegado” en destacar de forma tan magistral la exagerada protuberancia en el rostro de un ser humano. De manera que, hoy en día, en determinadas ocasiones, por un falso sentido del pudor o de respeto, uno se siente del todo obligado a llamar a los flacos, gordos, calvos, etc., de  la manera más eufemística posible para tratar de no herir tantas susceptibilidades entre los aludidos.

A mi modesto entender, he tratado de encontrar la solución idónea a este insignificante problema al ponerme yo mismo como ejemplo con quien comparar. De tal forma que parece mucho menos insultante afirmar que, por ejemplo, Cayetana Álvarez de Toledo es mucho más flaca que yo o que José Luis Martínez Almeida es, asimismo, algo más bajito que yo o que, sin ir más lejos, el periodista Paco Marhuenda es bastante más gordo que yo. Aún resultaría mucho más inofensivo si cabe y podría afirmar lo mismo con total rotundidad, simplemente cambiando el orden del sujeto; es decir: yo soy más grueso o más gordo que Cayetana, más alto o mucho más alto que Martínez Almeida o, por último, bastante más delgado que el señor Marhuenda.

De esta otra manera parece que haya tratado con un poco más de condescendencia debida a todos aquellos con los que, según Quevedo, por sus artificiales características, esté yo precisamente en desacuerdo con la mayoría de sus criterios políticos, auspiciados desde la derecha de este país y proferidos por los valientes de mentira, los aduladores, los petimetres del tres al cuarto, los violentos, mentirosos y un largo etcétera a quienes el poeta del Siglo de Oro hubiera tratado en su tiempo como literariamente en realidad hoy también se merecen. Y  de entre todos ellos caben destacar notables figuras de tan alta relevancia política como, por ejemplo, la altanera marquesa de Casa Grande, la delgadísima señora Cayetana Álvarez de Toledo, el bien peinado Javier Espinosa de los Monteros, el bravucón y déspota Santiago Abascal, el también adulador de segundo apellido fácil y corriente, señor Ortega Smith, la presidenta de la comunidad de Madrid, la virgencísima Díaz Ayuso, quién vestida toda ella de negro para la ocasión haría su milagrosa aparición en las primeras páginas de la prensa, anunciando sólo con los estímulos de sus párpados sombreados, el triste final en los tiempos que corren, que le espera a nuestro tan desolado y yermo español territorio.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.