Salvar el Estado de Alarma

Toda precaución es poca con el coronavirus. (K.I.)

Muchos esperaban que para tratar de evitar la encrucijada en la que se había metido el gobierno de Sánchez, la solución sólo se encontraba en manos del PP para que no pudiera salir airoso de ella, pero con lo que no contaba Pablo Casado ha sido con la estimable ayuda prestada a los socialistas por parte del PNV y Ciudadanos, en un más que probable alarde de Inés Arrimadas de reconducir de paso su partido a pesar de los portazos que ya ha recibido de los suyos.

La aceleración de los intereses económicos de algunos sectores del país priman mucho más que la previsión por parte del gobierno de frenar un nuevo rebrote del Covid-19 del que le responsabilizarían de nuevo -si se diera el funesto caso- de no tomar las medidas oportunas por las que ya se ha decidido el gobierno y de las que el PP se ha abstenido abiertamente; lo que para Sánchez, según sus propias palabras, significa un no rotundo a su gestión.

Lo que no parece de recibo es el llegar a pensar que el gobierno gana algo con tan discutida decisión de modo que,  si así fuera, alguien de la oposición tendría que argumentar sus sospechas, como parecen creer, sobre tan controvertido cambio de parecer como no sea otro distinto que el de proteger la salud pública de la población.

Da la impresión de que muchos esconden una maléfica sospecha que todavía no se han atrevido a hacer pública; y es la falaz idea que subyace, sobre todo, entre la los miembros de la oposición política de este país, de dar por hecho en tener que aceptar algunos miles de muertos más a cambio de alcanzar la reactivación económica que han venido exigiendo en beneficio de la industria y el comercio del país.

Desde el punto de visto ético y moral, cualquier gobierno está obligado a velar por el interés general de su población y, -en comparación con otros muchos países-, España se encuentra a la cabeza merced a un sistema universal de seguridad social que cubre la salud de todos y cada uno de nosotros. De manera que conjugar salud y economía resulta una tarea harto compleja ya que el deterioro general del estado del bienestar general por culpa de una pandemia como la registrada, incide muy directamente en la población trabajadora, en un país como el nuestro cuando, para colmo, una de sus principales industrias es, precisamente, la del turismo, por desgracia.

Lo único que debería hacer cualquier gobierno, además de la oposición, en este caso concreto,  sería garantizar el correcto equilibrio entre salud y economía. Y la salud de muchos está muy por encima del enriquecimiento de unos pocos.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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