miércoles, noviembre 30, 2022

República

El luto por una reina lleva consigo ciertas responsabilidades a las que se sienten sujetos los miembros de la realeza europea por su condición, en la mayoría de los casos, de parentesco, independientemente de que se encuentren o no en el exilio además de que la justicia británica haya decidido rechazar la inmunidad que se pretendía en el caso del rey emérito Juan Carlos I.

¿Qué condiciones habrían de darse en el Reino Unido para otorgar un paréntesis de inmunidad al primo hermano de la reina fallecida Isabel II? Se supone que el embajador español en Londres habrá negociado con las autoridades de aquel país unas especiales condiciones que puedan permitir la entrada de Juan Carlos I para estar presente en los funerales que se llevarán a cabo próximamente.

Cosa bien distinta será si la presencia del emérito tendrá lugar formando parte del séquito oficial, en representación de la Casa Real española, junto a su hijo y actual Rey de España Felipe VI. En cualquier caso, si así fuera, la afrenta que supone tan delicada situación pondría en un serio aprieto la escasa popularidad de la que, hoy por hoy, siguen presumiendo los monarcas españoles.

Estos deslices diplomáticos de la parentela monárquica española no hacen sino aumentar el desprestigio del que ya de por sí goza entre la muy numerosa población republicana. Republicanismo que, en pleno siglo XXI, sólo espera dejar de ser súbdito para siempre de una clase social privilegiada de la que pretende emanciparse mediante un referéndum nacional que le permita soñar todavía con una República moderna y enteramente volcada al servicio de los derechos y deberes fundamentales del individuo. Derechos y deberes que, no lo olvidemos, nos fueron arrebatados mediante un golpe de estado a manos de un africanista español como fue el dictador Francisco Franco. Previsor militar que dejaría “atado y bien atado” todo su legado ideológico, incluida la proclamación en su momento de una monarquía que muy pocos habían solicitado, pero que tuvimos que aceptar como consecuencia del acecho de una parte del ejército que, supuestamente, velaba entonces por los intereses de lo que ellos llamaban, mediante un conocido eufemismo, una España Grande y Libre.

¡Qué tiempos!

Zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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