Presupuestos e indultos

Bien es verdad que el PSOE necesita los votos de, por poner sólo un ejemplo, Esquerra Republicana para llevar a cabo los Presupuestos Generales del Estado. También es cierto que pueda parecer que Pedro Sánchez deba pagar de alguna manera esos votos tan necesarios, comprándolos con una remesa de indultos a los políticos catalanes acusados de sedición y todavía en prisión desde aquel entonces. Esto último podría ocurrir a partir de un informe previo del Supremo y cuando está en juego la previsible inhabilitación de Quim Torra por desobediencia.

Los catalanes en general hubieran preferido una amnistía en lugar de un indulto lo que da lugar a que el autor o autores de un delito con condena firme queden liberados de todas las penas impuestas mediante una medida de gracia que en principio otorga el Rey, a quién y según la Constitución Española, le corresponde “ejercer el derecho de gracia con arreglo a la Ley”. De manera que a diferencia de la amnistía que tiene carácter colectivo, el indulto, sin embargo, tiene carácter exclusivamente individual y no supone, al contrario que la amnistía, el perdón del delito para los acusados.

Esta simulada estrategia del PSOE ha despertado las iras políticas del PP y Vox, -no tanto las de Ciudadanos-, quienes han puesto el grito en el cielo por, según ellos, la tamaña traición perpetrada al estado. La derecha ignora que para acercar posturas en relación al llamado contencioso catalán, lo primero que debería tenerse en cuenta es la demostración de una posible clemencia, necesaria para con aquellos que condenados por supuesta sedición (término que nunca ha quedado muy claro) continúan sufriendo penas de privación de libertad tan largas.

De tal manera que tanto PP como Vox se aferran a la excusa cuasi perfecta para tratar de evitar ponerle las cosas fáciles al PSOE. En otras ocasiones se han visto obligados a agarrarse incluso a un clavo ardiendo y no han salido bien parados que digamos, por lo que muchos españoles esperan que el indulto a los presos catalanes, si es que llega a producirse, no suponga, como parece creer la derecha española, una traición al estado, sino una manera razonable de comenzar un diálogo fluido que dé lugar a la reparación de un conflicto que ya dura demasiado.

Un referéndum para dilucidar la tan cacareada independencia de Cataluña no me parece que pueda ser tan grave como aseguran algunos para los intereses de cada uno. Siempre y cuando, claro está, la diferencia entre el número de votos fuera realmente significativa y no por mayoría simple, o casi simple. Lo difícil, en mi modesta opinión, sería el llegar a ponerse de acuerdo en algo tan aparentemente fácil como sería el de establecer tales porcentajes significativos: ¿60/40? ¿70/30? ¿80/20? Y si fuera así, casi puedo afirmar que sería muy difícil que el independentismo ganara por cualquiera de estas diferencias. Las fuerzas al día de hoy, por fortuna, continúan bastante igualadas.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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