Prensa escrita

”Hay un antes y un después en el periodismo tras la entrada del poder financiero en los medios de comunicación”. (David Simón).

He decidido ver menos televisión y volver a leer la prensa diaria mientras pueda seguir saliendo a la calle para tratar de cumplir con ciertos menesteres que me parecen indispensables; y uno de ellos es el de leer el periódico; los otros, como pasear al perro y comprar el pan, por ejemplo, los considero más bien emocionales. Me reitero en lo de emocionales porque el gran amor que siento por mi perro es directamente proporcional al rechazo que siento por el consumo de pan. Y uno de los peligros que siempre conlleva la ingesta indiscriminada de pan es que la miga, durante la digestión, en la mayoría de ocasiones, consigue inundar la grietas que aparecen en la ya de por sí frágil corteza del cerebro, hecho que puede provocar una inoportuna verborrea dialéctica muy difícil de detener, sobre todo, en aquellos casos relacionados con la opinión política que nos merecen los últimos acontecimientos acaecidos en este intranquilo país en el que se ha convertido España.

Se trata de intentar estar mejor informado de todo aquello que sucede a mi alrededor, que no son sólo las novedades que presenta la curvatura descendente de la Covid-19. Por cierto, gracias a la prensa diaria he podido saber con toda seguridad el sexo del virus y eso ya es algo nuevo con lo que no contaba en absoluto y que es muy de agradecer porque, si no, podría parecer que peca uno de iletrado y, en tal caso, los marhuendas, ¿no? e indas de turno, nos pondrían a parir por un “quítame allá esas pajas”.

No me queda otra que tomarme con el suficiente sentido del humor el miedo que todavía siento a la hora de salir a la calle, por mucho que la curva continúe inclinándose a mi favor, a pesar incluso del uso de mi mascarilla y mis guantes de protección personal. El pan, por si acaso, ni verlo.

Al parecer y por lo que he leído estos últimos días, las críticas contra el gobierno de Sánchez parecen que han amainado y, desde mi punto de vista, mucho ha tenido que ver en ello la colaboración, ¿incondicional?, prestada por Inés Arrimadas para el logro de la articulación prevista de la desescalada anunciada hace unos días y a la que el PP se negaba en absoluto.

En un cierto sentido y salvando las distancias, el influjo que en su propio partido pueda tener Pablo Casado, parece hoy mucho menor que el de Pedro Sánchez en el suyo. El carisma del primero no parece tan sólido como para que su particular influencia pueda decidir en las estrategias de oposición a llevar a cabo, de tal manera que se tiene la impresión de que a Pablo Casado, sus compañeros de clase, le estén pasando continuamente notitas anónimas por debajo del pupitre y a espaldas de su profesor para tratar de consolidar sus argumentos de cara a un aprobado respetable.

Sánchez, por el contrario, parece presumir de un peso estático conforme a lo aprendido en la pintura bajo el aro y no necesita que le apunten la jugada con los dedos de la mano para encestar. Simplemente exige el balón y lanza a canasta generalmente con éxito, pese, no obstante, a la crisis que venimos atravesando y que, en lo económico, se agravará con toda seguridad en un futuro próximo. Sólo espero que los marhuendas, ¿no? y los indas de turno, que también los hay, no entorpezcan la jugada hasta el punto de suspenderse el partido.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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