Nueva dieta

Hemos decidido regular nuestra dieta alimenticia en favor de nuestra propia salud. Para ello hemos suprimido algunos productos que a la postre, y nunca mejor dicho, no nos beneficiaban en nada, excepto para aumentar el peso que ya ni siquiera necesitamos alcanzar dada la edad que tenemos. Nos reservaremos la lista de productos que hemos suprimido para no herir las susceptibilidades de aquellos que aún disfrutan de ellos sin riesgo alguno para su integridad física.

Pero la integridad mental también juega en nuestro caso un papel psicológico importante a la hora, por ejemplo, de consumir carne animal industrial destinada a su consumo. Hemos prescindido de ella por una razón que como cada uno de ustedes imagina, no se debe especialmente a que entrañe ningún riesgo para la salud, pero que, sin embargo, en nuestro caso concreto, supone un despropósito para cualquier ser vivo que para el hombre pueda parecer imprescindible su consumo.

Tenemos un perro que, prácticamente, ha dedicado toda su vida a concedernos un cariño que nunca le habíamos exigido a propósito, pero que, sin embargo, su sensible conducta nos ha hecho recapacitar en silencio sobre el derecho que tenemos los humanos sobre otros distintos animales con tal de saciar nuestro exquisito paladar del que hace ya tantos años venimos renunciando en favor de una dieta mediterránea rica en frutas, verduras, legumbres, etc. y en favor del resto de seres vivos.

De manera que los mercadillos de agricultores que en la mayoría de pueblos españoles exhiben sus ricos productos naturales, podremos encontrar todos esos ingredientes con los que colmar a nuestro organismo de todo lo que necesita para subsistir de forma saludable, sin necesidad de caer en la trampa de tratar de degustar esos otros distintos sabores de origen animal.

Nos hemos dado cuenta demasiado tarde, pero cumplimos con un compromiso que teníamos pendiente desde hace largos años, y no sólo en beneficio de nuestra propia salud sino de aquel otro factor psicológico por el cual nos sentíamos culpables de consumir carne no por necesidad, sino lo que es mucho peor, por el simple hecho de saciar nuestro propio exquisito paladar de humanos en perjuicio de otros seres vivos.

Sin embargo, continuamos guardando un profundo respeto por todos aquellos consumidores que por tradición no hayan podido conseguir todavía plantearse la necesidad de abandonar sus ancestrales costumbres culinarias como para entregarse a una nueva dieta nada exigente y respetuosa con el medio ambiente y, sobre todo, con la salud.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado de Historia del Arte y Bellas Artes

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.