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No soy político

Yo ya no soy político, puedo decir la verdad. (Iglesias, Pablo.)

La familia de las antinomias –paradojas o contradicciones irresolubles– está conformada por la paradoja de la omnipotencia, esto es los límites y capacidad que posee un ser omnipotente en sus acciones. En estas antinomias se analiza si este Ser puede realizar una acción que limitara su habilidad para realizar acciones.

El argumento que se emplea es: “Si un ser omnipotente puede ejecutar tales acciones, entonces puede limitar su propia habilidad para ejecutar acciones y por lo tanto no es capaz de ejecutar todas las acciones, y si no puede limitar sus propias acciones, entonces nunca habría sido capaz de ejecutar todas las acciones”.

Sin embargo, la paradoja de la omnipotencia cuenta con el problema de suponer que sólo es posible en el mundo físico olvidando que los teístas piensan que es dios el único que está más allá de esos mundos físicos. Fue Descartes quien sostuvo la omnipotencia de Dios, más allá de las paradojas que se puedan plantear.

Algunos individuos que se dedican a hacer experimentos sociológicos sobre todo vinculados a la política en Espanzuela*, sobre todo aquellos enfocados a la política, se creen que el vómito verbal expelido en sus palabras es una antominia dirigida a hacer valer su omnipotencia. Piensan que la belleza del ser humano está en el tamaño de su cabeza y por ello nos hablan, hablan, hablan… ¡Así nos tienen el tolmo!

Los nuevos fariseos los del siglo veintiuno, están eclipsando las voces de los verdaderos profetas que nos indican el camino a seguir y que debido a tanta verborrea barata somos incapaces de visualizar. Noticias falsas, medios de comunicación dóciles con el poder y la incultura del populacho nos está abocando a un precipicio.

El nuevo poder establecido se ha empeñado en darnos las informaciones totalmente digeridas e interpretadas por sus prelados, filtradas por sus medios que verifican según su criterio y repetidas hasta la saciedad en los lugares estratégicos. Cabía esperar que con la explosión de la información vía Internet, los gobiernos se preocuparan de filtrarnos aquello que no interesa, todo ello en el más puro estilo comunista o de extrema derecha.

Atrás queda la quimera de la libertad, cuando arrancó el siglo XXI no lo podía haber hecho peor. Puertos y aeropuertos hípercontrolados, ubicación personal vía satélite, restricciones en el uso del dinero efectivo, vacunación cuasi obligatoria, certificados sanitarios para movernos y lo siguiente una guerra de las que ignoramos las consecuencias que pueda traernos.

La guinda del pastel, sobre todo en Nuestra amada Espanzuela, la ponen los millones de parados –aunque lo peor son los quietos**– sin expectativas de futuro. Decenas de miles de personas mayores en plenitud de su vida laboral que nos los contratan por viejos y decenas de miles de jóvenes que no los contratan por inexpertos… ¡Manda Güevos!

Lo cierto es que yo no soy político y puedo decir la verdad. Nunca lo he sido, por lo tanto, nunca he mentido. No sé si otros podrán decir lo mismo… parece ser que no.–Confucio.

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