Libertad condicional

Esta pérdida de libertad a la que uno se siente sujeto por culpa del coronavirus es la consecuencia del empecinamiento del hombre en robarle a la naturaleza todo aquello que parezca ser objeto de enriquecimiento y contra lo que ya nada puede hacerse para tratar de remediarlo en la medida de lo posible. Hemos hipotecado no sólo nuestra salud sino además nuestra libertad en beneficio de unos pocos a los que ni siquiera conocemos personalmente porque han terminado por convertirse en grandes entidades financieras, sociedades anónimas camufladas en el seno del llamado tejido empresarial mundial.

¿Qué habrá sido del aquellos hombres y mujeres del Renacimiento? En torno a los que me refiero giraba el mundo en aquella época. Él y ella eran el centro del universo y alrededor de sus figuras se consolidaba el arte y la filosofía; una manera de vivir en consonancia con todo aquello que nos rodeaba y que no era otra cosa que la misma naturaleza al alcance de todos.

Hoy en día esa misma naturaleza se encuentra sólo al alcance de unos pocos, pero no para disfrutarla, como sería lo ideal, sino para explotarla y arruinarla hasta el extremo, en su propio beneficio y en detrimento  del resto. La vida de aquellos otros muchos hombres de entonces les fue incluso arrebatada por defender unas tesis que si bien fueron acertadas y admitidas con el paso del tiempo, en realidad tampoco han servido de mucho en la actualidad. Las hemos despreciado del mismo modo que hemos hecho con nuestra propia espiritualidad, en la que siempre habíamos confiado cuando las cosas se ponían difíciles.

El materialismo feroz que ha dado paso a la falsa idea de lo que entendemos por una vida confortable, por un estado del bienestar, es simplemente una falacia, una artimaña a la que hemos hecho la vista gorda para no quedar en ridículo ante los demás.

Soportamos las mascarillas, la mala salud, el confinamiento, etc., hasta que otros decidan lo que debemos hacer para tratar de evitar el daño que muchos no han podido eludir por culpa de no se sabe quién, ni cuándo y en no se sabe dónde. Y esa sigue siendo la pregunta que nos hacemos todos: ¿Quién, cómo y dónde empezó este infierno terrenal en el que estamos inmersos? Nos tememos que jamás lo sabremos. Sólo aplaudiremos al primero que consiga una vacuna que nos salve la vida y, en consecuencia, consiga otorgarnos nuestra dosis de libertad condicional soñada.

Sí, nuestra libertad será siempre condicional aunque soñada hasta el resto de nuestros días.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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