Incólume

La silueta imprecisa de la figura del que fuera ministro de Interior en el gobierno de Rajoy no se entendería sin su pertenencia probada al Opus Dei y todo lo que emana de aquel nacional-catolicismo que durante la dictadura del general Franco tanto marcaría para siempre a sus fieles seguidores, imbuidos todos ellos de un cierto hálito de religiosidad engañosa, pero a la vez ventajosa a juzgar por lo que de ella se valían los adeptos al régimen para alcanzar sus siniestros propósitos con el beneplácito bendecido por el mismísimo clero y con el pretexto absoluto de querer obrar en consecuencia por el bien de la grandeza espiritual de España.

Política y Religión son dos conceptos aparentemente incompatibles.

Jorge Fernández Díaz ha sido un claro ejemplo de aquellos individuos mediatizados por su pertenencia probada al Opus Dei y no cejó nunca en su empeño de valerse de él para tratar de justificar los numerosos despropósitos en su gestión ministerial para intentar, con su mafiosa intervención, mantener a Mariano Rajoy incólume en el poder durante tanto tiempo.

El ex ministro ha creído conveniente honrar a la Virgen María, de la que es un gran devoto, con la imposición de una significativa medalla para que la Señora se preste a velar por sus rigurosas aspiraciones terrenales, pero intentando a la vez ganarse una merecida plaza en el ámbito de la eternidad, allá en la Gloria, lugar al que también aspiran los buenos musulmanes. Política y Religión son dos conceptos aparentemente incompatibles, sobre todo cuando se conjugan en la forma arbitraria que lo ha hecho Jorge Fernández Díaz para conseguir favores particulares de carácter místico para vencer a sus enemigos políticos, sobre todo si se manifiestan como ateos.

Su egoísmo no ha tenido límites. Ha querido curarse en salud por sus actos delictivos aquí en la tierra como en el cielo, sin tener en cuenta los escrúpulos suficientes que serían necesarios como para dejar a la Virgen María al margen en lugar de ponerla en el grave compromiso de obligarle a perdonarle todos los pecados que se le atribuyen en el ejercicio de sus funciones como ministro. Tampoco ha tenido ninguna misericordia para con su adjunto, Francisco Martínez, quien había confiado plenamente en la magnanimidad que le atribuía a su católico jefe de quien esperaba le exonerara de su demostrada implicación en el llamado Caso Kitchen.

No parece necesario ser tan católico como para obrar en consecuencia y ser responsable de tus propios actos, sólo se necesita algo de ética y sentido común para asumir tus muchos errores.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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