Hipócrates como ejemplo

Nuestras esperanzas han aumentado tanto de tamaño que, en su conjunto, ya no caben por el boquete practicado por el virus y que da acceso al angosto y sombrío túnel en cuya salida nos estará aguardando esa maravillosa y deslumbrante luz natural que, según dicen algunos, se encuentra al final del largo recorrido y que, a nivel simbólico, es considerada como el fin de todos los males que asolan a la humanidad; incluido los que provoca el Covid-19.

Mientras tanto y por lo que respecta a España, atrás van quedando pendientes cosas aparentemente tan triviales como la aprobación de presupuestos, la implicación de algún que otro ministro del PP en la tan cacareada trama Kitchen, el grave problema que afecta a los inmigrantes, los múltiples desahucios y tantos otros etcéteras todavía pendientes de resolver en nuestro país.

Aquel sombrío túnel al que he hecho referencia antes no se puede recorrer completamente a oscuras. Entre todas  nuestras voluntades existe o nos cabe la responsabilidad de ir iluminándolo mientras avanzamos y en eso debemos de ser lo suficientemente obedientes como para aceptar los confinamientos temporales, el uso de las mascarillas y conservar las distancias de seguridad con nuestros semejantes. Tarde o temprano saldremos de él totalmente en libertad, sin que nos estén esperando ya en el exterior personajes tan siniestros de la catadura de un Trump, por sólo poner un ejemplo de quién negaba rotundamente la existencia del virus, además de los derechos a defenderse de él que se merecen los afroamericanos y latinos de su propio país y de quienes tampoco admitía sus contagios.

El trayecto no será del todo fácil ni lo rápido que desearíamos, a pesar del brillo de esperanza que empieza a adquirir el descubrimiento de una vacuna que nos estará esperando al final, totalmente iluminada por los laboratorios Pfizer, pero que, para nosotros, sólo supondría el feliz final de la pandemia. El resto de soluciones a los muchos problemas que también nos asolan se encuentra en manos de nuestros políticos de turno, quienes deberían ser igualmente inyectados con la suficiente dosis de ética y moral que les falta a muchos de ellos para llegar a poder presumir de ser lo honestos que realmente debieran en la misma proporción que lo es todo el personal sanitario a nuestra disposición,  empeñado en tratar de salvarnos la vida sin ningún otro compromiso que no sea el mismo que asumió Hipócrates en su época con su ya conocido y célebre juramento.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.