Esperpento patriótico

Una concejala de Madrid, muy conocida en su casa a la hora del almuerzo, considera que incluir los colores de la bandera en el alumbrado es un “Esperpento patriótico”

En cualquier país, por inculto que sea, su bandera nacional es símbolo de unidad. Recordar que la bandera española data de 1785, exceptuando los ochos de la 2ª República donde se añadió el morado que representó el color oficial de Castilla.

No es de extrañar que haya personas incapaces de diferenciar entre lo correcto e incorrecto, soy el primero al que se le calienta la boca y se indigna con la sarta de sandeces que tiene que leer y escuchar diariamente.

Las idioteces vienen de todas partes, de gaviotas o rosas, de círculos o voceros, de proetarras o independentistas. Todos se creen con el derecho de creerse en posesión de la verdad absoluta e ignoran que quien mete el sobre en la urna es el súbdito.

Porque eso es lo que piensan, que los habitantes de España desde Orchilla a Finisterre somos ciudadanos –algunos próceres de la patria dicen “suidadanos”– que merecemos el respeto a nuestras ideas y sentimientos.

Ya no es que una concejala de Madrid, muy conocida en su casa a la hora del almuerzo, considere que incluir los colores de la bandera en el alumbrado navideño es un “Esperpento patriótico”.

Tampoco lo es el que un Excelentísimo Señor Diputado del Congreso español y secretario general de su grupo en la noble institución afirme en su cuenta de una conocida Red Social sobre ciertos que “asesinatos políticos”.

La verdad que en un país donde un supuesto grupo de liberación perpetró: tres mil atentados, ochocientos sesenta y cuatro muertos y más de siete mil víctimas no se entienden algunas posturas políticas y así lo ha hecho saber Europa… en fin.

Siempre cabe la posibilidad que desde ambas facciones enfrentadas se echen a la cara muertes y desmanes preconstitucionales, pero ahora no hablo de ello. Ya le tocará su turno, si no me silencian antes.

Los palos a la ciudadanía nos llueven de todas partes. Hablo de palos a nuestra buena voluntad. Mientras millones de españoles seguimos a pies juntillas las normas y restricciones vemos como la casta se da de ostias en todas partes.

Seguramente sus señorías –todas– no han pensado que hay cientos de miles de personas que lo están pasando malamente, que están acudiendo a oenegés, Cáritas o bancos de alimentos para poder conseguir algo que echar al caldero.

Los de piel más fina se roncharán con lo que voy a decir. Esta situación de restricciones a la movilidad, de “cartillas de racionamiento”, colas del hambre, dificultad de acceso a las administraciones, censura y control de los medios me traen a la mente tiempos pretéritos.

Las únicas personas que están, o estamos, hablando de lo que ocurre son los que no están untados por subvenciones o que tienen el favor de los mandamases del momento. Dudo mucho que la ceguera llegue a esos extremos.

El intercambio de mierda entre ambos bandos resulta ofensivo. Entre los cientos de miles de españoles que están intentando sobrevivir, dudo mucho que les interese los trapicheos del emérito, la Kitchen o la financiación de los morados.

Ahora toca dar voz a los que sufren. En todos los barrios, pueblos, ciudades…hay gente pasándolo muy mal y seguramente en otros países con personas menos sectarizadas el ver los colores de la bandera les haría tomar algo de fuerza.

Es cierto, la bandera no da de comer…o quizás sí, algunos se envuelven en banderas cubanas tuneadas o en los principios de un padre –machista– de una supuesta patria del norte y a decir verdad, éstos no pasan hambre.- Confucio

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