Decadencia cuartelaria

Los responsables de Vox han tomado como propias las opiniones que le merecen a los militares retirados la situación por la que, según ellos, atraviesa la política española del gobierno de coalición. Tienen asida por el mango una peligrosa sartén donde crepitan viejas rencillas políticas, sazonadas de nostalgias de primerísima calidad y a punto de precipitarse violentamente sobre la encimera de la cocina si no fuera por la tapa que las cubre en previsión del momento idóneo del destape. Una misteriosa cocina cuyos caldos alimentan las nostalgias belicistas de aburridos militares retirados, dispuestos a disparar sobre aquellos otros demócratas que, según ellos, pretendan comer del mismo plato, sin darse todavía por enterados de que ya disponen de plato propio desde hace ya muchísimo tiempo.

Como otros muchos, yo espero no encontrarme en esa inacabable lista de veintiséis millones de españoles que podríamos morir fusilados si la sartén de la que he hecho mención antes se destapa sin ninguna otra previsión que no sea la de acabar con la democracia ya finalmente conquistada. Muchos de nosotros ya sabemos que se trata de una democracia todavía entreverada y por tanto no del todo sana para nuestro delicado organismo político, pero todo se andará. En peores plazas hemos toreado hasta llegar hasta donde nos hemos propuesto.

No conviene por lo tanto crear rencillas en el seno de un colectivo que si bien ha dado muestras de buen juicio en general, en su interior permanece todavía enquistado un recalcitrante reducto que no parece querer adecuarse a los tiempos que corren en una Europa de modernas ideas en consonancia con la filosofía de paz y prosperidad para todos los pueblos que la componen.

De manera que estos retirados militares se sienten solamente atraídos por esos horizontes cercanos que limitan España y con el punto de mira siempre dispuesto para abrir fuego sobre todos aquellos que deseen abrir nuestras fronteras no ya para escapar a través de ellas, -cómo ocurriera hace un tiempo-, sino con la única intención de que pueda entrar un poco de aire fresco en nuestro país que permita la pacífica convivencia, en lugar de permanecer siempre hacinados y todavía dependientes de esa atmósfera cuartelaría, viciada en todo momento de belicosidad imprudente que pone los pelos de punta a todo aquel que pretenda cambiar la herencia castrense y franquista todavía en vigor en el fuero interno de muchos nostálgicos.

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