Contra los elementos

La cruel implosión del coronavirus en nuestro país, ha sido la única responsable, -si exceptuamos la salvaje oposición de la derecha-, de que el tándem PSOE-Unidas Podemos no haya podido llevar a cabo con todas las garantías que se auguraban, una gobernabilidad efectiva que hasta día de hoy, -y nos tememos que hasta dentro de muchísimo tiempo-, no podrán demostrar con la suficiente eficiencia que se requiere en este dramático caso.

“Yo no envié a mis barcos a luchar contra los elementos”, confesó Felipe II por la derrota sufrida contra los ingleses en la famosa batalla de Trafalgar. Con esta cita previa habría que dar comienzo a una crítica en la que no se pretende tanto buscar ahora culpables de la tragedia como, entre todos, oposición incluida, poner solución al desastre económico que se avecina y que si la Comunidad Europea no lo remedia, el país se verá abocado a una seria crisis de supervivencia nacional.

No se sabe ciertamente hasta qué punto el PP estaría dispuesto a tomar las riendas de la gobernabilidad del país si lograran forzar, como supuestamente pretenden, la dimisión de Pedro Sánchez en favor de Pablo Casado. No hay que dar mucho crédito a estrategias políticas de este tipo, porque en una situación tan complicada como la que atravesamos, ningún partido puede garantizar la recuperación económica que nos permita el establecimiento de la creación de empleo que implemente la actividad laboral en beneficio no sólo del empresariado sino, también, en el de la clase trabajadora todavía en el paro merced a la repentina inactividad de la industria y el comercio.

De modo que los agoreros que lanzan a los cuatro vientos criterios como la probable  moción de censura contra el gobierno del PP, lo único que persiguen con tal actitud es crear a propósito un estado de alarma general que cree un mayor descontento de la población en contra del PSOE, con la única y expresa intención de hacerle culpable de los elementos desatados del Covid-19 contra los que Pedro Sánchez no envió sus naves a luchar; con todas las consecuencias que se han derivado de ello a nivel de protección de la salud como también de justicia social para la población más desprotegida.

Si a todo ello le sumamos los bulos, los infundios indiscriminados, las fake news o como las quieran llamar sobre la supuesta mala gestión e incapacidad del gobierno para afrontar la crisis con garantías, estaríamos asistiendo al acoso y derribo de un partido cuyos protagonistas, a lomos de los caballos prestados de Santiago Apóstol y el Cid Campeador, continúan arremetiendo sin cesar, lanza en ristre y sin compasión alguna, contra aquellos a los que, erróneamente, consideran únicos responsables de la tragedia económica por la que atraviesa España, arrasada previamente y para colmo por el llamado Covid-19.

Aún queda un largo y ancho recorrido hasta llegar al desconfinamiento definitivo del grueso de la población española. Hasta que no llegue ese momento, es demasiado pronto para establecer estrategias económicas que nos permitan, por lo menos, capear el temporal, que no los tan temidos elementos a los que hacía alusión en su día Felipe II.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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