Cobardia

No a la violencia, venga de donde venga./Foto Archivo Kiosco Insular de Twitter Policía Nacional @policia.

Si todos hiciéramos caso a aquella leyenda cristiana que dice que el trabajo lo hizo Dios como castigo, no cabe la menor duda de que, para muchos, hasta el día hoy y por tal motivo, hemos venido sufriendo muchísimo y, tal vez, con esa misma excusa, un amplio sector de jóvenes no creyentes se hayan sacudido de encima ese San Benito tan manido hasta la fecha, para tomar la decisión de pasar a formar parte de esos grupúsculos que aprovechando las distintas reivindicaciones que se suceden en la calle de una mayoría pacífica, se incrustan en ella para saquear con ánimo de lucro y de forma vandálica todos aquellos comercios que encuentran a su paso, camuflados entre quienes protestan en favor de la puesta en libertad de un rapero que no merece ser llamado por su nombre y por el que en su nombre se manifiestan airadamente.

Tal rapero, aprovechando lo que él supone que es libertad de expresión, se permite el lujo de condenar a muerte públicamente a unos determinados miembros de la sociedad española, con el agravante de que incita a supuestos sicarios a llevar a cabo tal fechoría, mientras él permanece disfrutando de las mieles de su discutida popularidad como músico.

No es necesario ser tan cobarde, amigo. Si estás convencido de que alguien que no te gusta debe morir, lleva el asesinato a cabo tu mismo y no descargues sobre la conciencia de otros la responsabilidad que no te adjudicas. Eso sí, asumiendo luego el coste a pagar que supone tu criminalidad manifiesta expresada en las redes sociales.

Antes que tú, muchos otros, incluidos cantantes como Víctor Jara, ya dieron muestras de su responsabilidad individual frente a coercitivas dictaduras como la que le toco vivir en su propio país, Chile, y que acabó pagando con su propia vida. Otro tanto podría decirse de músicos de la talla de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, por no hablar de Mercedes Sosa o Violeta Parra, quienes valiéndose de sus excelentes composiciones musicales, no necesitaron entrar a matar a nadie expresamente sino intentar a través de los textos de sus bellas canciones alcanzar compromisos concretos en favor de una democracia plena en sus respectivos países de origen. Democracias con las que también pretendieron establecer el empeño en conseguir la tan ansiada libertad de expresión en todos los ámbitos sociales.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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