domingo, septiembre 25, 2022
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Desconcierto en el tren

Con afán constructivo y para que no se produzcan en el futuro situaciones similares escribo este artículo. Lo sucedido en el accidente del tren envuelto en llamas en el incendio de Bejís en la provincia de Castellón es increíble, porque pone de manifiesto que los protocolos de seguridad fallaron estrepitosamente.

Con veinte heridos, tres de ellos graves de los 48 pasajeros del convoy, se entiende perfectamente que hayan saltado todas las alarmas. Es posible que las consecuencias fueran más terribles todavía, si el viento y las llamas hubieran devorado el tren. La maquinista hizo que retrocediera el tren hasta la localidad de Caudiel.

Aunque ya está en marcha una investigación judicial, que determinará las responsabilidades de lo sucedido, parece evidente que la información no se transmitió adecuadamente a la conductora que, por cierto, no disponía del refuerzo necesario de un interventor, algo casi impensable a estas alturas. Ante el retraso en las comunicaciones, las altas instancias directoras deben tomar medidas inmediatas y parar el tren, antes de que llegue a una zona peligrosa, sin más. Y que los pasajeros sigan el trayecto en autocares, por ejemplo, tan simple como eso.

En este sentido, es ejemplar lo que ocurre en los aeropuertos, ya que el sistema de control de la seguridad es minucioso y prácticamente instantáneo, con aviones de pasajeros que vuelan a más de 9.000 metros de altura, con excelentes medidas de seguridad y con comunicación en tiempo real y, por tanto, inmediata. Algo igual es preciso demandar al servicio público de transporte de pasajeros en trenes.

Si se circula hacia una zona en la que existe un considerable incendio, no vale la improvisación y tomar medidas sobre la marcha. Tampoco escudarse en que tardó en llegar la información, porque está en juego la vida de los pasajeros. En las emergencias el tiempo de reacción suele ser muy corto, de unos pocos minutos. Lo lógico es no tener que llegar a ese tipo de situaciones extremas tomando medidas, con bastante antelación y no cuando ya se ha entrado en el infierno de llamas, como último recurso.

Ya no estamos en el siglo XX y el avance tecnológico es tremendo. Es necesaria la utilización de los sistemas de comunicación más sofisticados que sea posible para garantizar la seguridad de los usuarios. Es lo racional.

Los videos que han salido publicados en los medios dan cuenta del horror que se vivió en el tren, algo completamente entendible.

También en alguna entrevista televisiva impactaron las palabras de uno de los pasajeros que sufrió este accidente. Los daños psicológicos producidos en los pasajeros pueden ser notables.

Las quemaduras han sido muy considerables en algunos, parece que por el efecto del aire caliente procedente de las llamas, que estaban ya al lado del tren, cuando salieron algunos pasajeros del mismo. En realidad, la sensación de indefensión que supongo debieron padecer los pasajeros, pudo ser considerable. A pesar de la llamada a la calma de la conductora, que tuvo una conducta admirable, por lo que ya se sabe.

Si a esto añadimos que iban menores, se entiende que la sensación de pánico pudo ser mayor de lo que cabe pensar. Aunque también es cierto que el horror, ante lo que estaban pasando los pasajeros parece independiente de la edad, porque pensaban que iban a morir.

Al igual que en los ascensores debería haber en todos los trenes sistemas de radio o teléfono, que sean absolutamente efectivos, tanto para el conductor y el interventor, como para los pasajeros. Para maximizar, ante emergencias y problemas graves, la capacidad de reacción rápida y efectiva.

Se supone que en el AVE este grave incidente no se habría producido, pero no estoy seguro de ello. En todo caso, la seguridad debe ser de primer nivel, da igual en el tipo de tren que se viaje. Se lo merecen todos los pasajeros. Se debió establecer un margen de seguridad, de tal forma que debería haberse indicado a la conductora que se detuviera en una estación segura, suficientemente alejada del incendio.

Los incendios, en ocasiones, son imprevisibles, ya que dependen de la dirección de los vientos y de otros factores metereológicos, que no pueden ser conocidos en su evolución inmediata, con total precisión.

Es preciso esperar al fin de la investigación judicial para ver las responsabilidades, en relación con este accidente. También es deseable que todo esto también sirva para tomar medidas efectivas, con el fin de que algo similar no vuelva a suceder.

José M. López García

Doctor en Filosofía por la UNED

Licenciado en Ciencias de la Educación por la UNED

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