domingo, septiembre 25, 2022
InicioCULTURAY ¿mañana?

Y ¿mañana?

Estábamos nerviosos. No se hablaba de otra cosa, pero seguíamos viviendo. ¿Qué otra cosa podíamos hacer?

Nos fuimos a descansar como cada noche. Y cuando estábamos dormidos estalló un ruido infernal. Las paredes se movieron. Saltamos de la cama y nos reunimos en el salón. Los niños lloraban. Mi marido gritó: –¡Ha estallado la guerra! Corred, salgamos de casa. Coged un abrigo, zapatos y mantas. Nos vamos.

En la calle, con el alma desgarrada nos unimos a otros vecinos. Nadie podía creer lo que nos estaba sucediendo. Las bombas que caían nos hacían ser conscientes del horror y la atrocidad que ya vivíamos. No era un mal sueño. ¡Era la realidad!

Y ¿ahora qué? Mi marido decía que lo mejor era salir del país. Mi madre quería que nos quedáramos, y yo prefería ir al pueblo. Los niños solo lloraban. Tiritaban de miedo y frío. Estaban asustados. Con el estruendo de cada bomba se removían y volvían a llorar. Se abrazaban a los mayores. Refugiados en el metro no sabíamos qué decisión tomar. Nuestros compatriotas estaban tan asustados y desconcertados como nosotros.

Los bombardeos cesaban. ¿Habían terminado? Durante cuánto tempo estarían silenciados. Debíamos o no volver a casa a dormir. Descansar algo de lo que nos quedaba en la noche más oscura de nuestras vidas.

Por la mañana no salió el sol. Seguíamos en la penumbra. Una sombra emborronaba nuestros corazones. Las bombas nos volvieron a silenciar. Nos apesadumbraron. Volvimos a refugiarnos con los mismas angustias, miedos, dolor y sufrimiento. Salíamos y volvíamos a refugiarnos. Nos conocíamos todos. Nuestras caras y cuerpos se resentían con el pesado paso de las horas, los días…

Seguimos malviviendo. No acabamos de respirar con alivio. ¿Cuánto tiempo podremos aguantar en esta situación? La incertidumbre rompe nuestros nervios. La convivencia se resiente. ¿Hasta cuándo nos mantendremos ilesos? ¿Cuántos días nos durarán los ahorros? ¿Cuánto tiempo durarán los alimentos en los mercados?

No sabes si volverás a levantarte de la cama. No sabes si volverás a ver a tu familia. A tus hijos, a tu marido, a tus padres y hermanos.

¿Seguirá tu casa en pie mañana? Y ¿tu negocio? Cuánto tiempo y esfuerzos invertidos. Y, ¿ahora qué? ¿Habrá un mañana?

Después de cuatro días, mi marido decidió que nos salváramos los niños, mi madre y yo. Él nos llevaría a Polonia y volvería a defender a nuestra patria.

Y partimos por una carretera llena coches. Miles de personas que, como nosotros, huían de la guerra para salvar a nuestros hijos. Hambre, angustia, sed, frío e incertidumbre fueron nuestros compañeros de un interminable viaje. Cruzamos la frontera para una despedida cruel. Mi marido volvía. Sentimientos contradictorios luchaban en mi interior. Era el padre de mis hijos, mi amor, pero también era un patriota.

Y se fue. Mis lágrimas impidieron ver con claridad su partida.

¿Volveríamos a encontrarnos algún día?

A partir de hoy rezaré para que nos reencontremos y podamos vivir en libertad. ¡Dios lo quiera!

Doctora en Derecho. Licenciada en Periodismo.

Diplomada en Criminología y Empresariales.

RELATED ARTICLES

Sueños rotos

Abierta al mundo

La Cueva de Mora Luna

2 COMENTARIOS

  1. Muy bien Paloma. Esto es el reflejo de lo que está sucediendo ya a más de un millón de personas. Es una tragedia que nos parece que está muy lejos, pero podría no estarlo tanto. Y es estremecedor.

  2. Hola Manuel, y seguimos, no igual sino todavía peor. Lo único que podemos hacer al menos en los medios, es no olvidarnos de ellos.
    ¡Es terrible!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES

Alerta roja, hambruna en África

Sueños rotos

Fachas pobres

Indulgencia