Esa mancha que mantiene todavía Cuba en Guantánamo pone de relieve el acoso continuo e intimidatorio que aún hoy día debe de soportar la isla sin apenas, por no decir ninguno, apoyo internacional que contrarreste el bloqueo asfixiante del que ha sido víctima durante años ante la predispuesta ceguera de algunos países de su entorno frente a las insinuaciones colonialistas por parte de EE.UU.
Y como consecuencia de todo ello, el gerifalte naranja del señor Trump amenaza con anexionarse la isla al regreso de su flota procedente del estrecho de Ormuz, dónde los iraníes le han dejado en ridículo una vez más, pero como consecuencia de tanta cobardía escondida, se ensaña ahora también ante tanta debilidad permanente que ha tenido que soportar Cuba desde hace décadas.
No todo es soplar y hacer botellas como bien reza un viejo refrán castellano que también conocerán los cubanos con quienes nos une una cultura y un idioma compartido que los americanos interrumpieron a partir del hundimiento del Maine, como todo el mundo sabe.
Si bien es verdad que a Cuba como a otras distintas islas del Caribe les asistía el derecho a luchar por su propia independencia, lo que no resultó nada ajeno era aquello de “quítate tú pa ponerme yo”. Y los americanos colocaron, o mejor dicho, pusieron al Sr. Batista al frente de un gobierno títere para convertir a Cuba en un Cabaret caribeño donde la mafia se daba cita no sólo para divertirse sino también para amasar enormes fortunas entre una oligarquía americana a la sombra de tanto cocotero, por decir algo.
Y en esto llegó Fidel. Llegó el comandante y mandó parar. Y el resto de la historia es ya bien conocida por cualquiera que hoy tenga mi edad, o bien por todos aquellos jóvenes interesados por una isla que tan amablemente acogió a muchos de nuestros paisanos durante la grave crisis de la dictadura que padecimos aquí en España. Paisanos que empujados por los vientos alisios y por el hambre partieron precariamente de Canarias hasta Cuba y Venezuela, casualmente amenazadas hoy por la violencia de un mismo y común enemigo: Trump.
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
