A falta de mejores causas, nuestra Eternamente Yolanda pretende viajar a Palestina con su séquito. La tucán gallega se tornará en emplumado pájaro cisjordano y a aquellas tierras pretende volar la vicepresidenta segunda, fuera de la órbita de Exteriores, a seguir la estrella de los Reyes Magos. No hay nada peor que la ignorancia; sería terrible que el Mosad la localizara y le enviara, por error como acostumbra, un racimo de felicitaciones de Navidad, que ni el Niño Dios lo quiera, pero ya saben cómo se las gasta el servicio secreto israelí. Y si no lo saben, se lo digo yo a ustedes, que me leí el libro. La valiente tucán gallega quiere apoyar al sufrido pueblo palestino con una presencia innecesaria y fuera de representación, en un territorio caliente donde Eternamente Yolanda no pinta un carajo. Ni Sánchez tampoco, pero este es más listo y se ha ido –o se irá, que no le llevo la agenda– a la lejana Arabia, a clamar por un Estado palestino, algo que a los árabes saudíes les importa un huevo y parte del otro, porque los saudíes están más con Rubiales que con el pasajero del Falcon. Y hará Sánchez escala en Jordania, que tampoco parece territorio hostil, sino más bien amiguete y como de ¡Hola! Todo esto es porque se aburren en España con el caso Koldo, las procesiones de Letizia, las cartas de Begoña y los presuntos áticos de Ayuso. Todo el mundo tiene un muerto en el armario, menos yo, que no llego a final de mes; lo juro por mi difunta madre. La mamazón española sigue subiendo puestos en el ranking y ya no hay marcha en Nueva York con las alegres comadres del otro Falcon, pero sí excursiones al desierto, a ver pasar al Mohamed con sus mohamesas y sus halcones. No tenemos remedio.
