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Pánico infundido

Debo advertir a todos aquellos que se dejan influir por  mentiras con apariencia de verdades infundadas, concebidas a propósito con una finalidad determinada en detrimento del gobierno socialista, que la propagación del mortal Covid-19  no se ha debido a que Pablo Iglesias se haya aprovechado de su alianza con Pedro Sánchez para crear esta situación de pánico y muerte en nuestro denostado país.

Hay quienes piensan todavía que todo lo peor que le puede pasar a cualquiera en cualquier parte del mundo, se debe exclusivamente a la maldad explícita de los comunistas, máxime si estos se encuentran incrustados en un gobierno socialista como es nuestro caso, sin tener en cuenta que el comunismo que pueda darse todavía hoy en día, no es el mismo que aquel otro, tan radical, que tuvo lugar en el siglo XIX, en total consonancia con la también radical situación a la que se veía sometida la clase obrera en Europa. Aquí, en España, por ejemplo, un amplio sector de la prensa no concibe un comunismo que haya mutado, como así ha sido, de acuerdo y en paralelo a las nuevas circunstancias y medidas que se han dado hoy en día en materia económica y social en pleno siglo XXI, exigidas por una sociedad moderna en general y por la clase obrera en particular.

De modo que Pablo Iglesias, por poner sólo un ejemplo, no estaría reclamando en vano, desde donde se supone que puede hacerlo, en que la Iglesia cumpla con el estado español en declarar abiertamente todo su patrimonio y, en consecuencia no estar exenta del Impuesto de Sociedades por lo que se beneficia de actividades económicas, derivadas de hospitales, colegios, librerías, etc., ni tampoco del Impuesto de Bienes e Inmuebles, ni de otros como los de Transmisiones Patrimoniales, de Plusvalía, etc.

En un país de connotaciones tan católicas como el nuestro, no cabe duda de que el diablo en persona tuvo que haberse personificado y fomentado por antiguas leyendas concebidas en el seno de la Iglesia para crear el temor necesario afín a sus propios intereses materiales. ¿Quiénes mejor que los comunistas para lograr tal transformación física y cumplir con la osadía de los más marginados? Si a ello le sumamos, además, los contubernios judeo-masónicos que tanto obsesionaban al dictador, habremos dado con el resultado de un enemigo común a todos, en base a la superchería de las clases más temerosas de Dios y configurado de forma humana, con cuernos y rabo y cuya fisonomía coincidía, con la de aquellos otros venidos de las estepas rusas al final de la segunda guerra mundial para instalarse en el resto de Europa y acabar definitivamente con la hegemonía de la Iglesia Católica.

Sólo en este contexto se puede entender a día de hoy el recelo que todavía despierta en las sociedades modernas la presencia de cualquier partido comunista y, sin embargo, no tanto la de una extrema derecha de la que tenemos un buen ejemplo en España y que va mucho más lejos en lo que se refiere, entre otras cosas, al respeto de los derechos humanos y la libertad de las personas.

zoilolobogmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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