martes, septiembre 21, 2021
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Todos los Santos

La música de “Cuando los santos vienen marchando” me recuerda aquella New Orleans que jamás he visitado, pero de la que sé que sus bandas musicales de negros, por el día de todos los santos, salen a la calle a festejar a sus muertos al compás de ese himno tan espiritual suyo de tradición católica. Lo que desconozco es cómo y de qué manera lo harán ahora que la pandemia también se ha extendido hasta Luisiana.

Hoy desperté pensando en toda esa alegría afroamericana desbordada y enfrentada de manera tan sonora al hecho de la muerte, mientras aquí el silencio fúnebre desborda el rigor absoluto de la pandemia y de las medidas de seguridad adoptadas con una cierta dosis de melancolía que produce escalofríos.

Desde que fuimos obligados al confinamiento, cada noche, antes de irme a la cama, me cercioro de que la persiana de mi habitación no esté bajada. Prefiero despertar bajo la apacible luz de un nuevo día que me obligue a certificar que no he muerto a oscuras mientras concilio el sueño. Y hoy, una vez más, se ha obrado el milagro cotidiano de poder despertar frente a un nuevo amanecer lleno de esperanzas, a pesar de las circunstancias que rodean mi enconada frustración y sombrío pesimismo.

De manera que yo también me he propuesto contrarrestar el asedio de muerte de la Covid-19 refugiándome no sólo en el placer que me proporciona la música, sino también en la lectura y en los compromisos literarios que todavía mantengo con mi editor antes de que pueda sobrevenirme lo peor. En cualquier caso, para que no quede por mi parte y curarme en salud, sigo todas las instrucciones corregidas y recomendadas una y otra vez por los responsables de la Sanidad Pública; incluida la de confinamiento.

Mientras tanto, no me canso de escuchar deliberadamente “When the Saints Go Marching In”.

No me pregunten si la crisis deportiva por la que atraviesa el Barça tiene algo que ver con la presencia invisible de la Covid-19 o la ausencia, también invisible, de los culés en las gradas del campo. Podría afirmarse, -y nunca mejor dicho-, que este club de fútbol no da pié con bola, tal y como le ocurriera ayer a su propio guardameta, cuando presionado por el delantero rival, no acertara a despejar un balón que terminaría por colarse entre sus piernas, siendo  aprovechado por el contrario para marcar el primero de la noche. Tampoco fue suficiente que el Deportivo Alavés se quedará en inferioridad numérica por la expulsión de uno de los suyos. Finalmente y a pesar de la insistencia de sus delanteros, el Barça sólo conseguiría un empate que sabe a bien poco.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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