Sin remedio

Cuando se es imbécil sin remedio puedes acabar siendo miembro de algún gobierno

Supongamos que hablo de un país ficticio llamado Espanzuela. En este imaginario país hay un rey que no reina y un gobierno que no gobierna. Al que lleva una bandera de su país le llaman fascista, los asesinos y golpistas son tratados como patriotas.

Espanzuela es un país curioso. Los políticos erectos en sus tribunas critican al régimen que les da de comer un sustancioso salario por jugar con las bolas y supongo que hacer malabares. Juran una constitución que luego queman y van de viaje con su jefe de estado al que luego quieren echar y alientan al populacho para que se pronuncie.

El modelo político de Espanzuela es una democracia deconstruida. Resulta curioso como los zurdos critican a los diestros por serlo, pero les molesta el sonido que la crítica provoca en su timbal izquierdo, ese que tocan para acompañar a la orquesta afilarmónica subsidiada, ataviada toda ella con chancletas y ropa de multinacional francesa.

Es curiosa la orquesta formada por súbditos que no saben dónde tienen la mano derecha, por eso les enseñan a comer con la izquierda. El nepotismo no se ejerce exclusivamente por el rey, los políticos espanzuelanos ubican en los mejores puestos a esposas, familiares, compis del cole, etc.

Los gobernantes no son denominados presidente, vicepresidente… son reconocidos como los machos alfa, que en el más puro estilo grandehermaniano quieren controlar asta –jo, es con hache…en qué estaría pensando– los móviles de sus asesoras, asesores y asesoros.

Los grandes líderes espanzuelanos utilizaron para llegar al poder un recurso denominado jarabe democrático, se ve que su sabor es bastante desagradable pues cuando lo usan con ellos sus cacaridos se oyen hasta en San Borondón. Como todo amado líder, ellos siempre tienen razón y sus hijos si merecen un respeto que no dieron a los que estaban antes.

Cada año, en el día de acción de desgracias de Espanzuela habla el jefe del estado. En este año de 1820 el vicepresidente, el mismo que cobra del Erario y que aquí es conocido como Imbécil sin remedio, habla y habla en contra del jefe del estado y lo más surrealista, del sistema del que cobra y gracias al cual vive como un monárquico, o sea… un marqués.

En este ficticio país el poder judicial sólo puede actuar para condenar a los diestros, si lo hace contra los zurdos éstos montan en cólera y dicen que no son objetivos. En otro orden de cosas, sorprende la cantidad de memos que se dejan llevar por los cantos de sirena que llevarán al naufragio de algún navío o eso dice la leyenda.

Si hablamos de libertad de expresión se debe tener en cuenta que cuando los descamisados alcamperos tomaron el poder se ha creado el Ministerio de los Criterios donde se investiga si las noticias se ajustan a su verdad o por el contrario deben intervenir.

Decía un amado prócer: “Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos”. Me surge una duda. ¿Los espanzuelanos tienen derecho a destruir a quien pretende destruir su país? O bien, ¿este derecho es de los que pretenden destruirlo? Vaya, vaya… –Confucio.

Nota del autor: Espanzuela es una país ficticio y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. No es posible que haya un país en el mundo que sea tan surrealista como el descrito en este artículo de ficción.

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