En honor a la Verdad

Copérnico y Galileo fueron en su día injustamente condenados por haber afirmado las verdades que todos hoy conocemos como ciertas sobre el movimiento de la Tierra. /Vidrieras del Museo de Copérnico.

La verdad tiene autonomía propia, somos cómplices de ella. El único responsable de la verdad es el sujeto activo que la provoca. Se dice que hemos faltado a la verdad cuando mentimos deliberadamente sobre algún acontecimiento en particular. De la misma manera que en la verdad intrínseca intervienen directamente varios factores, en la mentira sólo interviene un sujeto activo por dos supuestos motivos bien distintos: o porque miente a propósito en su propio beneficio o porque lo hace como consecuencia de una falta de información sobre el sujeto activo de la verdad. Pongamos un ejemplo.

Un sujeto perpetra un crimen del que él mismo se inculpa además de las pruebas que obran en su contra. Bien; este sujeto es el único responsable de que exista la verdad de que se ha cometido un crimen, de modo que si cualquier otra persona cita el incidente no estaría faltando a la verdad, pero esa verdad le pertenece al asesino, sólo él es el protagonista y el responsable; es decir, el sujeto activo.

Por el contrario, Copérnico y Galileo fueron en su día injustamente condenados por haber afirmado las verdades que todos hoy conocemos como ciertas sobre el movimiento de la Tierra. Ellos fueron los sujetos pasivos en este caso de la verdad. La Tierra, el Sol, y el resto de satélites y planetas, fueron a su vez sujetos activos de lo que resulta indudable. Sin embargo, sería muy difícil afirmar que la Iglesia entonces desmintiera a propósito tal descubrimiento, lo que sería como faltar a la verdad en su beneficio o, por el contrario no admitieran aquellas hipótesis por simple desconocimiento.

La libertad de expresión hoy en día se juega entre esos dos parámetros en los que uno no alcanza a comprender si citar la verdad de la que ha sido sujeto activo un tercero es motivo de sanción por parte de las autoridades o, si bien, mentir por desconocimiento o falta de información reduce la sanción considerablemente.

De la clase política, por ejemplo, podría afirmarse que algunos de sus miembros, en demasiadas ocasiones han podido perpetrar verdades inimaginables como han sido, por ejemplo, las contabilidades en B de cierto partido que no me atrevo a nombrar por miedo a la censura, o la utilización de fondos reservados para dedicarlos al espionaje de otros. Y cuando digo perpetrar, me refiero exclusivamente a aquellas verdades probadas, constitutivas de flagrantes delitos contra la hacienda pública en ambos casos.

En definitiva, también se pueden perpetrar verdades constitutivas de delito. De manera que no estoy seguro de si resulta más grave cometer una verdad delictiva que proferir una mentira sin probada mala intención.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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