No me gustan las imposiciones, cada vez que un gobierno denominado socialdemócrata se instala en el poder, se arroga unas pretensiones que a mí, lo único que consigue es tocarme las narices. Los socialistas y comunistas siempre pretenden restringir el uso de todo aquello que consideran nocivo. No necesito que el gobierno me diga si puedo comer una cosa u otra, sobre todo cuando los “pisadores de moqueta” se embostan con lo que prohíben. Yo no aguanto a estos tipos que hablan de ecologismo y son los que más usan los medios de transporte oficiales, incluidos aviones y helicópteros.
Es insoportable la presión que ejercen comunistas y socialistas sobre la clase media, sobre todo cuando estos proletarios de salón ocupan puestos de gobierno. Van dando bandazos y copiando todo aquello que le suene a progre. Desprestigio la industria cárnica, hundo las fábricas de vehículos diésel, pongo límites de velocidad hasta en los pasillos de las escuelas…y se quedan tan anchos, es que son muy cansinos.
Los nuevos progresistas que gobiernan están en contra de la bajada de pantalones ante el rey moro, pero claro, lo de dejar los mullidos asientos y bajarse del coche oficial…nanay. Todos esos que hablaban de jarabe democrático ahora se escandalizan con los paros y reclamaciones de los trabajadores acogotados por los impuestos…son todos fascistas.
Cada día nos parecemos más a Venezuela, hasta en los “anaqueles” de los supermercados se puede ver el reflejo de los que nos están gobernando. “Éstos”, cambiaron las leyes para que las “calles ardieran” –sic– cuando gobernara la oposición. En cierto modo tienen razón, en un país indiferente con unos sindicalistas jamoneros y un alto porcentaje de mantenidos por el estado, es normal que ocurra este silencio cómplice en las calles.
Estoy harto de prohibiciones, de Estados de Alarma ilegales, de mascarillas obligatorias, de autocensura por el qué dirán. Debería estar prohibido prohibir. –Confucio.
