Regicidio

Foto: Casa Real.

La caterva bolivariana, entre la cual se encuentra, por puro interés, el presidente del Gobierno, ha echado del país al rey emérito. Su abuelo, don Alfonso XIII, hizo lo mismo: huir, en vez de pasearse por las calles de Madrid, con su compañía de alabarderos, sin derramar una gota de sangre, que hubiera acabado antes de empezar con una república que trajo consigo una guerra civil y un millón de muertos. Esta vez, sólo de momento, no hay república de por medio, pero la habrá. Qué tristeza para un rey en ejercicio, Felipe VI, casado con una mujer ¡republicana!, ver cómo su padre se tiene que exiliar. ¿Es tan grande el pecado cometido? ¿Cuál es la tipificación del delito, si al parecer no se trata de dinero público sustraído? ¿No es peor aceptar sobornos de Irán o del régimen bolchevique de Maduro? ¿Y esto sí que va a quedar impune? Con Juan Carlos I se ha cometido un regicidio. España es un país que no tiene piedad con nadie. Fue el país de la Inquisición, de las sacas en la guerra civil, de las checas, de los encontronazos violentos con los carlistas, de los fusilamientos masivos por parte de los bandos en contienda. España es una mierda de país y una mierda de país tiene el Gobierno que merece y que finalmente ha llegado para quedarse. La vergüenza de Europa. Ahora el rey emérito toma las de Villadiego y su hijo no da un puñetazo sobre la mesa y hace prevalecer la presunción de inocencia de su propio padre, que hace mucho tiempo que no se respeta. Ha cedido a la pretensión del Gobierno vulnerando principios constitucionales: todo el mundo tiene derecho a ser considerado inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Incluso un desalmado catalán pide que le retiren a Juan Carlos I el pasaporte. ¿Cuánto vale tu presidencia, Pedro Sánchez? ¿Qué precio tendremos que pagar para que te mantengas en La Moncloa? ¿Es que tu república vale una monarquía? Entre todos han cometido un regicidio, pero me parece que ya quedaban pocos monárquicos; por eso es tan insignificante la reacción. Ahora tienen, rendido, desarmado, solo y entregado, a un joven y manejable monarca, sobre cuya cabeza no se ven demasiadas luces. Mierda de país. No hemos tenido suerte ni siquiera con el nuevo rey, porque el anterior sí demostró su valía en sus años de reinado. A este sólo se le supone.

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