Llevo varios días sin decir absolutamente nada, me estoy replanteando dejar de verter mis opiniones en ningún lugar público, no me vayan a crucificar o quemar en la hoguera los nuevos mesías de la ultraderecha, ultraizquierda, republicanos de medio pelo, nazionalistas, independentistas, apologetas del terrorismo, gurús de las redes sociales y toda esa pléyade de progres venidos a más gracias a su Sanchidad.
Se necesita tener el rostro como el hormigón armado para enfundarse en una corbata o un foulard y salir en los medios de comunicación a expresarse de la manera que lo hacen los políticos, periodistas, tertulianos, presentadores, comunicadores o escribanos de lo online. Pensarán que yo también hago lo mismo y es cierto, hago lo mismo y si no le gusta pues no lo lea, póngame a parir en los comentarios…no le voy a responder.
Vamos para dos años soportando que nos tomen el pelo “del revés y del derecho” con la pandemia, la crisis, los ERTES, las vacunas, los sanitarios y todo lo que sea noticiable para tenernos lo suficientemente dormidos y que el poder haga lo que le salga de los timbales.
Lo último es para “mear y no echar gota”. La señora vicepresidenta de nuestro ínclito gobierno se ha descolgado con unas declaraciones que, tras oírlas decimos aquello de “cágate lorito”: “Yo el 15 de febrero, como ya la pandemia azotaba fuertemente a Italia, convoqué a mi equipo porque tenía la convicción de que Italia es España y por tanto teníamos que desplegar un montón de medidas porque veíamos lo que iba a pasar. Tanto fue así que el 4 de marzo, si lo recordamos, presenté una guía que fue enormemente polémica en el Gobierno y también fuera se me acusó de ser una alarmista. En fin, esto fue en la antesala del 8 de marzo.”
El problema siempre es el mismo: ¿De qué material tienen nuestros políticos el rostro? A esta pregunta podríamos agregar a todos aquellos simones y pericos que durante los momentos más duros de la pandemia nos volvían la cabeza loca con sus especulaciones y verdades más que cuestionables.
Si España olvida las decenas de miles de muertos que ha habido merece todo lo que le pueda suceder. Todos, o casi todos, conocemos a alguien que ha pasado en su piel o la de un familiar la Covid-19. No puedo creer que la sociedad olvide el terror que se ha pasado y que ahora veamos como se nos toma el pelo; salen a relucir mentiras y algunos, algunas o algunes les importa un pimiento, aquí no dimite ni dios.
No me interesa donde está nuestro anterior Jefe de Estado y gracias al cual puedo expresarme como lo estoy haciendo ahora. Me importa un pimiento lo que hizo el gallego, ahora no es él. Me descojonó como un zapatero le arregla la bota malaya a un dictador y los medios sectarios lo enaltecen como un gran político… Mr Bean lo haría mejor.
En otro momento hablaré de todos aquellos viejos-nuevos republicanos que mientras el ciclán dictador estuvo a la grupa de su yegua se escondían o mimetizaban en la sociedad para evitar problemas. Que cojan recortes de los políticos que sí tuvieron un sentido del Estado que a ellos les queda ancho. A estos viejos-nuevos republicanos les da lo mismo irse de copas con apologetas o independentistas…les sugiero que busquen similitudes entre los postulados nacistas y los suyos. Continuará… si me dejan…–Confucio.
