martes, diciembre 5, 2023
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El Caballo de Troya

  • Los regalos aparentemente inofensivos pueden ocultar sorpresas desagradables

El Caballo de Troya es una de esas historias clásicas que nunca pasan de moda. Durante la Guerra de Troya, los griegos idearon un astuto plan para entrar en la ciudad amurallada de Troya. Construyeron un enorme caballo de madera, lo llenaron con soldados ocultos en su interior y lo dejaron frente a las puertas de Troya como un supuesto regalo de rendición.

Los troyanos, pensando que el caballo era un tributo de los griegos y que estos se habían retirado, llevaron el caballo a la ciudad como un trofeo. Sin saber lo que les esperaba, los soldados griegos salieron del caballo durante la noche y abrieron las puertas de Troya para que el ejército griego pudiera entrar. Fue un astuto truco que finalmente llevó a la caída de Troya después de un largo asedio. Es un recordatorio de que a veces, incluso los regalos aparentemente inofensivos pueden ocultar sorpresas desagradables.

Esta narración del caballito y la política tienen algunos puntos en común. Ambos pueden involucrar estrategias astutas y tácticas encubiertas para lograr objetivos específicos. En la historia del Caballo de Troya, los griegos utilizaron el engaño para infiltrarse en la ciudad de Troya y ganar la guerra.

En política, a veces se utilizan tácticas similares, como la manipulación de la información, las promesas engañosas o las estrategias ocultas para obtener el apoyo público. Además, el concepto de un «regalo» que esconde intenciones ocultas puede relacionarse con acuerdos políticos que aparentan ser beneficiosos pero que pueden tener consecuencias no deseadas.

La palabra prohibida para la progresía en la actualidad y que podría equipararse con el caballo de Troya se llama Petrus y genera debates éticos y legales complejos. La decisión de otorgar amnistía a una persona involucrada en actividades delictivas a menudo depende de factores como la gravedad de los delitos, el contexto político, la voluntad de reconciliación y los objetivos a largo plazo de la sociedad.

En algunos casos, se argumenta que la amnistía puede ser una herramienta para fomentar la reconciliación y la estabilidad política. Al perdonar ciertos delitos políticos, se busca superar conflictos y avanzar hacia la unidad nacional. Sin embargo, otros argumentan que la amnistía puede enviar un mensaje equivocado al permitir la impunidad y socavar el principio de rendición de cuentas. La cuestión de fondo es clara.

Decía “mi colega” Aristótoteles que: “el único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. La respuesta es de Perogrullo. ¿Son los delincuentes catalanes acusados de delitos que nada tienen que ver con su proceso ñordo dignos de una amnistía? La sociedad española y sus bases ya se han pronunciado pero, Petrus Pijus Magnificus lo tiene claro: No hay nada como echarse un cava fresquito en el falcon.–Confucio.

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