viernes, junio 25, 2021

Yo, el Rey

No puedo imaginar cuantos monárquicos de vocación existen en España hoy en día, sobre todo teniendo en cuenta que fue Franco al morir quién luego impuso en su testamento político la sumisión a un rey a semejanza suya para todos los españoles. Antes del golpe del dictador, de lo que presumíamos era de ser republicanos. Por lo tanto, monárquicos directamente vinculados a una monarquía real ya han fallecido todos. Los que todavía se atribuyen esa fantasía real son los herederos de una dictadura que por su mala reputación se han disfrazado, sobre todo después de la muerte del dictador, en furiosos monárquicos, o como se atribuyen otros, en elegantes juancarlistas.

De manera que no nos llamemos a engaño. Esta monarquía se sostiene no sólo gracias a ese romanticismo decimonónico representado en su época por Alfonso XIII, sino también por el terror sufrido que suponía para los padres de la constitución enfrentarse a los violentos para despreciar todo aquello que el dictador hubiera creído tan firmemente haber dejado atado y bien atado y, desde luego, gracias también a la enorme generosidad manifestada por todas las viudas de militares de la sociedad española, encabezada por doña Carmen Polo de Franco en favorecer el nombramiento de Juan Carlos I como mal menor.

Cualquier gobierno democrático hoy en día no tendría ninguna dificultad como para no tratar de abolir definitivamente el derecho a la sucesión dinástica de manera oficial. Bastaría con una revisión en tal sentido de la Constitución española.

Es por eso que no acabo de entender todavía de donde salen tantos monárquicos adeptos a la Corona y en especial al deseo del feliz reinado de don Felipe VI y esposa mientras a Casa Real no le cabe mayor preocupación que la de promocionar convenientemente las intrínsecas facultades de la institución y que junto a sus dos hijas representan.

Cuando tengamos conciencia de que ya estamos en el siglo XXI y que los gobiernos, mal que les pese a algunos, continúan siendo elegidos por el pueblo, será el momento de prohibir tanto zapatito de cristal que colme las esperanzas de tantas Cenicientas tiznadas en verse convertidas en princesas a la manera que lo fuera nuestra ilustre periodista Leticia. Y espero que tampoco existan reyes de ninguna clase. Ni siquiera el rey del “mambo” que como todos ustedes bien saben es el menos dotado de la gracia de Dios, pero que entre nosotros es el único que admitimos como verdadero por su espectacular swing a la hora de lo que se llama buscarse la vida sin perjudicar a nadie, pero que también desaparecerá para siempre cuando las prestaciones sociales estén al alcance de todos los contribuyentes.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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