Triste otoño

Panorámica de Sant Feliú de Guixols./ Imagen de Wikipedia por Flamenc.

Las estaciones también se suceden. Una pertinaz lluvia diluye a Sant Feliú de Guixols en estos últimos días. Se desdibujan los perfiles de la arquitectura y el pueblo parece flotar sobre el asfalto mojado mientras paraguas de todos los colores se cruzan en distintas direcciones desde la perspectiva que se ofrece desde mi balcón. Me consuela imaginar que la lluvia termina por diluir todo vestigio del supuesto efecto aerosol que según dicen los expertos exhalamos los humanos al respirar y al hablar.

Estoy a punto de salir de casa y no me prometo nada al regreso respecto a la programación televisiva; de manera que no me daré mucha prisa si lo que pretendo es, mientras pueda, evitar las últimas noticias que algunas cadenas, sin remisión alguna, vomitarán hoy sobre la vida y milagros de la familia Pantoja.

Diego Armando Maradona, sin pretenderlo siquiera, nos ha abandonado para ascender al cielo y devolverle a su legítimo dueño aquella mano milagrosa que le valió para proclamar a la selección argentina campeona del mundo frente a Inglaterra. Le echaremos mucho de menos pese a las extravagancias a las que siempre nos tuvo acostumbrados como consecuencia de su condición de indiscutible estrella del fútbol mundial. Podría afirmarse que también sabía jugar con las manos, lo que en un deporte como es el fútbol es poco menos que un vergonzoso sacrilegio.

Tanto Maradona como Paquirrín ahora, han sido siempre víctimas de su propia popularidad. Sin embargo, en el caso del futbolista, su victimismo en el plano deportivo ha resultado condicionado como consecuencia de haber sido el mejor en su especialidad, mientras que en el caso de Paquirrin lo ha sido por ser el hijo de quienes fueron Isabel Pantoja y Francisco RiveraPaquirri”, coplera mayor del reino una y torero de conocida vergüenza entre los aficionados a la tauromaquia el otro.

De la misma manera que, según parece, a Paquirrín se le ha despojado de una parte de la suculenta herencia que según él le correspondía del patrimonio de su padre, estará por ver si la herencia dejada por Diego Armando Maradona será respetada en modo y forma a la que el futbolista dejara por escrito, cosa que, al parecer, dista mucho de estar del todo resuelta por cuanto a que el fallecido futbolista parece haber dejado tras de sí un significativo cúmulo de supuestas paternidades muy difíciles de demostrar todavia.

Hoy, la actualidad política no parece ofrecer nuevas alternativas de confrontación mediáticas como para que uno pueda discernir con meridiana claridad sobre aquello que nos convendría tener en cuenta a la hora de una profunda reflexión como la que a mí me gustaría. Y aquí lo dejo.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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