Políticos ambulantes

Desde un tiempo a esta parte han venido proliferando en nuestro país lo que yo he dado en llamar políticos ambulantes. Individuos que han tenido la característica común de haber militado en alguno de los muchos partidos políticos de nuestro país y que no habiendo sacado ningún  provecho de su pertenencia a ellos, se han organizado por su cuenta para tratar de ganarse la vida gracias a la experiencia adquirida mientras duró su compromiso. Entre estos, más modestos que los que a continuación les siguen, podemos encontrarnos con gestores, abogados de empresas, guardias de seguridad, consultores de todo tipo, agentes de bolsa e incluso inversores, por citar sólo unos pocos

En este apartado de políticos ambulantes también me gustaría incluir a todos aquellos otros que tuvieron cargos relevantes en el seno de sus propios partidos: ex presidentes, ex ministros, ex embajadores y un larguísimo etcétera entre los que también podrían encontrarse hasta ex tesoreros de muy dichosa fortuna en razón a su ex cargo.

Y son precisamente estos políticos ambulantes los que hoy escriben sus memorias políticas en editoriales de prestigio, dan conferencias sin aparente ánimo de lucro, intervienen como consejeros en corporaciones internacionales, se sientan en los platós de televisión intentando distorsionar la realidad que nos rodea por un módico precio y hasta llegan a formar parte como asesores de los consejos de administración de grandes entidades bancarias de nuestro país. Entre estos últimos, supuestamente se encuentra gente tan importante desde el punto de vista político como el señor Aznar, parapetado tras de FAES, el veterano Rajoy registrando pacientemente en sus libros propiedades ajenas, don Felipe González, cómodamente instalado durante unas horas en el confortable sillón del consejo de administración al que asesora o el mismísimo señor Zapatero, gozando de sus interminables viajes de ida y vuelta en avión a Venezuela, sólo para ver como sigue la cosa por Caracas.

Éstos últimos, aparte de cobrar los emolumentos vitalicios que les corresponden por sus actividades y servicios prestados al país en el pasado, también cobran por su dedicación aparentemente filantrópica, lo que también les convierte en esos políticos ambulantes a los que he venido haciendo referencia.

Luego estamos todos los demás, los que simplemente votamos y luego vamos opinando en la tertulia del bar, en la cola de la Seguridad Social o en el patio de la residencia donde hemos acabado internados de tanto quejarnos de la mayoría de políticos que hemos conocido cuando aún estábamos fuera protestando, manifestándonos en favor de un reparto de la riqueza más equitativo.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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