Pazo de Meirás

Pazo de Meirás./Wikipedia.

Para los gallegos en general, -aunque no para los muchos todavía franquistas que quedan-, y para la población de Sada (dónde se encuentra el palacete) en particular, existe motivo de júbilo justificado en relación a la sentencia dictada por la magistrada Marta Canales según la cual declara la nulidad de la donación hecha en 1938 del conocido como Pazo de Meirás al entonces dictador Francisco Franco. Al parecer, dicha concesión en su día carecía del requisito esencial de forma. Aunque el fallo todavía no parece ser firme, los letrados de los Franco han anunciado ya la intervención de un recurso en la Audiencia Provincial de la Coruña. Esperemos que no prospere.

La figura del que se considerara caudillo de España por la gracia de Dios, se ha ido desvaneciendo paulatinamente desde el momento en que su cuerpo uniformado abandonara definitivamente la sepultura en el Valle de los Caídos en la que reposaba su cuerpo embalsamado. Ahora, tampoco su espíritu silencioso parece recorrer los oscuros pasillos del Pazo de Meirás, una vez que se ha dictado una sentencia justa en favor de los vivos que han llevado a cabo las reclamaciones oportunas ante la justicia para conseguir que el palacete llegue a formar parte del patrimonio popular y cultural de Galicia.

Dos de los símbolos más representativos de la dictadura ya han caído y sólo los nostálgicos, que todavía parecen ser muchos, no se resignarán del todo al implacable devenir de la historia de la España democrática. Aún quedan algunos vestigios de la memoria franquista que sus simpatizantes intentarán preservar por todos los medios, cuando no, incluso, ocultar, pero no con la misma facilidad con la que se les permitiera antaño. La ignominia a la que fue en su día sometida la España republicana podría aún reducirse muchísimo más si las actuales autoridades competentes consiguieran por fin recuperar los restos de miles de muertos repartidos por toda la geografía española, incluidas las islas y el norte de África, y hacer desaparecer, de una vez para siempre, cualquier vestigio de enaltecimiento de un régimen ya fenecido desde hace algunos lustros para consuelo de todos los demócratas.

De manera que la recuperación del Pazo de Meirás de las manos privadas de los herederos de los falsos bienes del dictador, ha resultado ser ejemplar a ojos de la opinión pública en general. Quizás en el futuro podamos disfrutar con su visita, aunque espero que no parezca un homenaje al dictador, sino un derecho al placer de asistir a festejar una decisión tomada por las autoridades judiciales en beneficio del patrimonio arquitectónico nacional.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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