Ocho de marzo

No es necesaria la presencia física para solucionar los muchos problemas que se desprenden por el hecho de ser mujer.

En lugar de tanto discutir en si habrá o no manifestación el próximo 8 de Marzo con motivo del día de la mujer, se debería de aprovechar la inercia en el declive de la pandemia para tratar de evitar aglomeraciones de cualquier tipo que pudiera conducirnos otra vez a un repunte que pudiera poner en riesgo de muerte a un determinado número de nuevos posibles contagiados.

Existen muchos otros mecanismos al alcance de cualquiera para reivindicar, de manera incluso cómoda, todos y cada uno de los derechos que le son propios a las mujeres de este país, como pudiera ser el de también conservar la vida frente al riesgo de ser contagiadas por el Covid-19.

En tal sentido no creo que sea necesaria la presencia física en las calles de nuestras distintas comunidades de todos aquellos interesados en solucionar los muchos problemas que se desprenden por el simple hecho de ser mujer y que aún quedan por resolver además de poder ser abordados de manera contundente desde planteamientos más que razonables por parte de todos los partidos políticos representados en el Congreso de los Diputados.

En mi opinión, ya se ha logrado bastante en tal sentido, pero aún quedan pendientes contundentes medidas de solución en distintos aspectos relacionados con la identidad femenina en el ámbito laboral, empresarial, doméstico, sanitario, etc., de los que también son conscientes y responsables un elevado número de varones que, de igual manera, han venido sumándose paulatinamente a sus exigencias concretas en los distintos ámbitos y compromisos que les son propios a una sociedad moderna y democrática como es la nuestra.

Si bien es cierto que el derecho a manifestarse libremente se encuentra  recogido de manera explícita en nuestra Constitución, no es menos cierto que bajo una alerta general condicionada por la letalidad de un virus que se puede transmitir en forma de aerosol, deberíamos tomar las precauciones casi precisas que eviten un mal peor que el producido por unas reivindicaciones de las que muchos, a estas alturas de nuestra democracia, consideramos más que justas.

Por lo tanto, no tendríamos por qué alarmarnos si las manifestaciones no se produjeran como estaban previstas y como hubieran sido deseables. En la memoria de todos y cada uno de nosotros, subyace desde hace muchísimo tiempo, no sólo ya la idea, sino también la franca voluntad de llegar a alcanzar, de una vez para siempre, la igualdad a la que todas las mujeres tienen perfecto derecho.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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