Nuevas fisonomías

Cuando todas las restricciones encaminadas a detener la virulencia del Covid-19 hayan cesado definitivamente, nos quedará por delante una dura tarea que llevar a cabo si lo que deseamos es recuperar a nuestros queridos amigos después de tanto tiempo de confinamiento y enmascaramiento. Al parecer, todas estas medidas adoptadas hoy todavía, van para largo y para cuando, por fin, dejemos de necesitarlas, lo primero que habremos de hacer es intentar volver a reconocer físicamente a los amigos de toda la vida, a fin de estar seguros de que siguen siendo ellos y no otros con los que nos abracemos con el entusiasmo que provocaría un reencuentro tan esperado como emocionante.

¿Será tan largo el periodo de confinamiento y embozamiento como para que se borre de la memoria la peculiar fisonomía que cada uno de nuestros queridos amigos tuvieron antes del advenimiento de esta pandemia y que ha terminado por deteriorar también los estrechos lazos de amistad entre hombres y mujeres?

Sus cabellos sí que lo recordaremos, a no ser que sean alopécicos del todo, y sus ojos también los distinguiremos por la forma y el color: azules, verdes, marrones, grises, negros, etc. y quizá también el dibujo que tuvieron sus últimas patas de gallo visibles, pero no así el resto de las facciones: las mejillas, el perfil de la nariz,  la anchura de la boca ni el grueso de sus labios o el mentón que algunos tenían tan bien pronunciado. Y toda esta ausencia de información va en detrimento de la fiabilidad de la futura imagen de todos nosotros, a la que nos tendremos que ir acostumbrando si lo que deseamos es tratar de reconocer de nuevo a aquellos amigos o amigas a lo que, por culpa de la mascarilla, no hemos llegado a ver envejecer a diario junto a nosotros y que tan difícil se nos hace ahora distinguir sus fisonomías.

Estoy casi seguro de que acabaremos con el Covid-19 ¿Cuándo? No lo sé, pero aparte de la desgracia y la pena infinita que supone el haberse llevado consigo a alguno de los nuestros, lo difícil será tratar de reconocer a todos aquellos que habrán envejecido tanto detrás de la dichosa mascarilla que tendremos que hacer un ejercicio de gran voluntad hasta llegar a reconocerlos de nuevo y, por consiguiente, también recuperarlos.

Creo que nadie habría previsto esta aparente estúpida contingencia dada la esperanza que se ha mantenido en vencer al virus en un tiempo razonable, pero, según cómo y en qué circunstancias, el tiempo nunca es del todo razonable ni prudencial.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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