Lo dicho

Sánchez, muy estudiado. Iglesias lo sabe todo. /FOTO: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

En mala hora se le ha ocurrido al vicepresidente segundo del gobierno, Pablo Iglesias, ampararse en la llamada libertad de expresión para decir lo que dijo en el momento que lo dijo y que no fue otra cosa que manifestar públicamente el hecho de que las enmiendas llevadas a cabo por los tribunales europeos dejan en mal lugar a los jueces españoles. Precisamente hoy, cuando se tendrá que reunir el Consejo General del Poder Judicial para que su presidente done el plácet al nombramiento de Dolores Delgado sin tener en cuenta su “idoneidad”, según sus propias palabras.

En mi opinión, la pretensión primigenia de Iglesias fue simplemente la de defender, además de abogar por lo que él interpreta sobre lo que debería ser la independencia de los jueces españoles también en el ámbito europeo. De modo que ha pecado por defecto al entender el colectivo con sus palabras que se le acusaba de carecer de autonomía propia frente a sus colegas de la UE.

Esa espontaneidad juvenil que por otro lado significa un entrañable atributo de los nuevos miembros que acaban de estrenar carteras ministeriales, habrá que ir corrigiéndola sobre la marcha porque los malentendidos de la derecha española acechan constantemente a todo aquello que puedan emplear en su propio beneficio y en contra, claro está, de una ordenada coalición que ya se ha puesto a trabajar en favor de los intereses de la sociedad española en general.

¿Clases de diplomacia parlamentaria? ¿Para qué? Si ya ellos solos se bastan. Y cuando digo ellos, me refiero naturalmente, a PP, Cs y Vox, quienes presumen continuamente de un fair play que a la postre deja mucho que desear y que no es otra cosa que la falaz interpretación que hacen en comandita y a su manera del popular refrán español que tan bien todos conocemos: a río revuelto, ganancia de pescadores.

Pero, afortunadamente para el resto, las cosas ahora se pretenden hacer de una manera más melíflua, pero a la vez contundente, sin la aspereza que predominaba durante este último largo trayecto de un gobierno en funciones y que se ha saldado felizmente con una investidura ambivalente de la que se esperan menos fracasos y más aciertos en lo económico y en lo social.

Como ya es sabido, la renovación que se prevé próxima del Consejo General del Poder Judicial, implica el entendimiento entre los dos partidos mayoritarios de la cámara, -que ya cuenta con la negativa de Pablo Casado-, quienes a la postre son los que deciden la designación de los miembros del Consejo. Renovación que, precisamente, coincide con la sorpresiva designación por parte del PSOE de Dolores Delgado, exministra de justicia en el gobierno de Sánchez, como Fiscal General del Estado y que no cuenta precisamente con el beneplácito explícito del PP, por lo que se prevé una guerra de proposiciones y dialécticas de desconocidas proporciones, toda vez que, por lo que respecta a Cataluña, el rosario de asuntos aún pendientes con la justicia, derivados todos ellos de la frustrada declaración de independencia, hace de su cumplimiento un conflicto insostenible en el tiempo.

zoilolobo@gmail.com

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